Los perros del paraíso de Abel Posse

Abel Parentini Posse, más conocido como Abel Posse es argentino (Córdoba 1934) : novelista, ensayista, diplomático de carrera y académico. Estudió Derecho en Buenos Aires y Ciencias Políticas en París. Es miembro de la Academia Argentina de Letras desde diciembre 2012. Es autor de una extensa obra bibliográfica. Alcanzó notoriedad internacional con su Trilogía del Descubrimiento siendo consagrado como uno de los maestros de la « nueva novela histórica de América Latina« .

La Trilogía, protagonizada por Cristóbal Colón, comporta un primer tomo,  Daimón (1978) finalista del Premio Internacional Rómulo Gallegos 1982; un segundo tomo que es éste, publicado en 1983, y  que obtuvo el Premio Rómulo Gallegos 1987  y el tercer tomo, El largo atardecer del caminante que recibió el Premio Internacional Extremadura-América 1992.

Es un libro que no me atrapó de inmediato, pero al cabo de unas 50 páginas lo empecé a encontrar genial, genialísimo:  de la Historia revisitada por el Circo Barnum, hilarante, escrito como una parodia mezclando intertextualidad y metaficción como raramente me  había tocado leer.  Es un libro que le llevó 5 años de investigación historiográfica, para lograr que la visión resulte estética y que vaya surgiendo desde el lenguaje y no desde las ideas, libro escrito a la manera de una novela postmoderna que ficcionaliza personajes históricos como Cristóbal Colón, los Reyes Católicos, Bartolomé de Las Casas y tantos otros; que recurre al humor, a la distorsión, a la parodia, a la intertextualidad, al anacronismo, a lo grotesco y a un constante diálogo paratextual con el lector. La novela lleva por momentos a extremos el proceso de carnavalización de la historia.

Los personajes de la novela me recuerdan aquellos de la serie Isabel de Televisión Española , cuyos 13 episodios me fascinaron; serie fabulosa, fantástica, dirigida por Jordi Frades y declarada mejor serie española del año 2012. Esta serie escenifica a los Reyes Católicos, a Cristóbal Colón, a Juana la Beltraneja, al rey Enrique  y a  otros personajes históricos de Los perros del Paraíso.

El tema del libro es la trágica historia del Descubrimiento y del saqueo de América con fondo de esperanza en el descubrimiento de un Paraíso Terrenal, en un mundo de justicia y dignidad. Cristóbal Colón e Isabel la Católica  se aliaron formando « una secta de los buscadores del Paraíso que los hombres habitaron antes del Diluvio » . Pero Colón sabía que « sólo uno busca el Paraíso, todos los demás huyen del infierno ».

Heloisa Costa Milton en su trabajo sobre este libro, dice que la novela lanza mano de una especie de marketing para describir el Nuevo Mundo, un marketing que presupone industria y comercio en ritmo frenético de producción y venta. Eso incluye la industria de mano de obra esclava, el tráfico sexual, el comercio de objetos preciosos y hasta la fabricación de una ideología del Poder, que es caracterizada como la base del proyecto imperialista llevado a cabo por los Reyes Católicos. En semejante contexto, el Nuevo Mundo corresponde a una importante adquisición para la cristiandad, facilitada por la hazaña de Colón , que es la América-Paraíso Terrenal.

Estructuralmente el libro está dividido en 4 partes: El Aire, El Fuego, El Agua y La Tierra que designan los elementos míticos de la cosmovisión indígena, aludiendo a una América primordial, no maculada aún por la presencia europea. El Aire sería el aire enrarecido de la Europa medieval antes de la conquista de América y la necesidad de oxígeno que tenía España; el Fuego sería la sed de aventura de Colón con fondo de guerras civiles entre Isabel y Juana la Beltraneja, la creación del terrorismo de Estado con la Inquisición y la reconquista con la expulsión de los moros llevada a cabo por los Reyes Católicos; el Agua es el viaje de Colón por el ancho mar,  al borde de la locura y de la rebelión y la Tierra es la llegada de las huestes españolas al nuevo continente.

El grado de distorsión paródico se puede apreciar página 59 cuando Posse relata la aparición de bellos adolescentes indígenas servidores de bandejas de alucinógenos de variado tipo y efecto: ¿ cómo imaginar que aquellos adolescentes y princesas solemnes, de labios anchos y turgentes como diosas de la iconografía camboyana, terminarían de lavacopas y de camareras en el self-service Nebraska,  » a solo cincuenta metros de la plaza  de las Tres Culturas. Parking reservado »?

O cuando nos cuenta que Colón, como la mayoría de los argentinos, era un italiano que había aprendido español. Su idioma era necesariamente bastardo, desosado, agradablón y aclaratorio como el que abunda en la literatura del Río de la Plata. En su relación con Beatriz de Arana, en Córdoba, se le habría pegado el famoso ché.

Los epítetos para designar a las huestes ibéricas son muy divertidos, se los tilda de « barbados transmarinos », de « malolientes divinidades », de « blanquiñosos ».

Cristóbal Colón al cabo de sus cuatro viajes, resultaba evidente que había sufrido una mutación, probablemente sin retorno, porque estaba en progresivo estado de locura. La conciencia racional, característica de los « hombres del espíritu » de Occidente, lo había abandonado. Sin saberlo se había transformado en el  primer sudamericano integral. Era el primer mestizo y no había surgido de la unión carnal de dos razas distintas. Un mestizaje sin ombligo, como Adán. Se entregaba sin prudencia al ocio de la hamaca. Se alimentaba de lo que llegaba del entorno o caía de los árboles. Sus días eran largos y sin sobresaltos. Los accidentes finales muestran un Colón patético que, al partir hacia España hecho prisionero, lo único que lamenta es dejar su paraíso en manos de « milicos », alusión al golpe de estado por parte de un cierto « coronel Roldán », en medio de las disputas por el poder.

Hacia el final del libro tenemos la clave del título: destruído el paraíso de Colón por obra del militarismo, el espacio será dividido por los perros que no ladran, correlatos simbólicos del alma indígena. Silenciosos y resistentes, dichos perros consumarán el llanto por la América violada,  como consciencia viva e insidiosa del drama del descubrimiento en sus variadas consecuencias.

Libro grandioso que revisita la Historia. Puro delirio sabio. Abel Posse se puede comparar con el cubano Alejo Carpentier  y su Concierto barroco  en un estilo hecho de realismo histórico donde trasciende la magia que vehicula un estilo poético, metafórico y original.

LOS PERROS DEL PARAÍSO, Editorial Argos Vergara 1983,  84-7178-535-8

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