Archive | avril 2017

Un año de Juan Emar

 

Résultat de recherche d'images pour "jean emar"  Juan Emar es el seudónimo de Álvaro Yáñez Bianchi, un pintor, crítico de arte y escritor chileno (Santiago 1893-1964); un exponente chileno de la vanguardia literaria de la década de 1920-30. Viajó a Europa varias veces y se instaló en 1919 en Paris tomando clases de dibujo y de pintura.

El seudónimo lo escogió en Paris volviendo a Chile en 1923 : Juan Emar o Jean Emar que proviene del francés « j’en ai marre » con una transposición fonética al chileno en Jean Emar. La locución francesa quiere decir « estoy harto », « estoy hasta la coronilla ».

Fue hijo de Eliodoro Yáñez, un senador y empresario chileno, fundador del diario La Nación y que dejó el nombre a una calle de Santiago. En las columnas del diario de su padre, Jean Emar defendió las tendencias de la vanguardia europea abogando por la superación del criollismo y academicismo que estaban de moda en Chile en aquellos años.

Juan Emar fundó e hizo parte del grupo de artistas plásticos chilenos conocidos como Grupo Montparnasse, del nombre del barrio bohemio en voga en los años 20-30; el colectivo artístico chileno se formó en 1922 y fue influenciado por el post impresionismo europeo, especialmente el fauvismo y el cubismo.

Juan Emar fue totalmente ignorado e incomprendido por la crítica chilena de la época. Comenzó a ser estudiado solamente en la década de los 70-80 con el rótulo de surrealista, kafkiano o proustiano.

Un año (1935) es una novela breve (85 páginas) que desafió en su tiempo los códigos de representación del realismo nacional (criollismo) con estructuras fragmentarias y alegóricas incluyendo principios del cubismo europeo y algo del creacionismo de Vicente Huidobro, el poeta chileno ( Jean Emar le publicó Altazor, su opera prima en La Nación). El libro Un año incluye tres ilustraciones de Gabriela Emar que fue su segunda esposa.

Es un libro que se debe leer advertido de lo que se va a leer, en el caso contrario el lector puede perderse en los meandros del pensamiento caótico-absurdo y sin mensaje del escritor. Yo tenía por momentos la impresión muy personal de estar ante un cuadro del belga Magritte : una ventana abierta hacia otra cosa o un cajón con un contenido inesperado, la fina flor del surrealismo.

Es un libro original con 12 capítulos correspondientes a los doce meses del año. Comienzan siempre el primero del mes y no tienen ninguna interconexión entre ellos. El lenguaje es llano y correcto, pero el mensaje…no hay mensaje. El lector tiene que orientar su búsqueda solito y hacerse una opinión. Requiere cierto esfuerzo intelectual. Por momentos es divertido y sorprende. Por momentos me pareció hermético como por ejemplo en los capítulos dedicados a los meses de noviembre y diciembre.

Noviembre 1° : Hoy he sido operado de la oreja y del teléfono. El doctor Hualañé, en persona, manejó el cloroformo y el bisturí. He aquí como las cosas acontecieron : de tiempo atrás amo yo a Camila, desenfrenadamente. Ella me ama un día cada ocho y durante éstos, se ríe de mí con tanto desenfreno como desenfreno hay en mi amor desenfrenado. Y sigue así, completa y absolutamente absurdo, surrealista. Genial.

En el prólogo del libro, firmado por Patricio Lizama de la U de Chile, se lee…Emar desplaza el relato desde la historia y sus nudos dramáticos tradicionales, hacia las disquisiciones de todo orden, el análisis estético-ideológico del campo cultural y la reflexión metaliteraria que devela el proceso de escritura y la labor del artista. En la narración de Emar, el yo se desdobla, se oculta y se deforma, los personajes deambulan por paisajes desacostumbrados y espacios que van desde la coyuntura nacional a la otredad, del mundo visible a la « región lejana ». Un año presenta un narrador que utiliza el género discursivo del diario de vida para registrar los insólitos sucesos que le ocurren el primer día de cada mes del año, acontecimientos fantásticos desprovistos de toda causalidad visible y en los cuales se mezclan distintos niveles de realidad.

En letras libres hay un excelente artículo sobre Emar firmado por Rafael Gumucio en 2012…hete aquí un extracto…Todo en sus libros está oculto, aunque su prosa sea diáfana. Hasta los números, sobre todo los números de las casas, los objetos, parecen contarnos algo más de lo que cuentan. Todo en Emar sugiere secretos ocultos, rituales esotéricos, iniciación que no inicia nunca a nadie, porque el lector y el escritor están condenados, una condena que es también un premio, a quedarse en el umbral, vislumbrar el misterio, el secreto pero sin entrar para no interrumpirlo.

Tiene Emar ciertos « tics linguísticos », quizás producto de lo que se utilizaba en aquellos años. Por ejemplo vuelve a menudo en el texto « los dedos de Dios » (…1° de julio : hoy he vagado sin rumbo. Tras de mi, paso a paso, el dedo de Dios. Lo he sentido a todo momento. Dos veces se me ha clavado en la nuca…). Y también cierta familiaridad con la superstición, el número 14 por ejemplo. Al principio del libro Emar explica que tiene problemas con ese guarismo. Y mucho más tarde le hace un guiño al lector recordándole que ya fue explicado esto con el número 14, creando de esta manera una complicidad inesperada con el lector que andaba perdido en cavilaciones para seguirle la cuerda…Genial.

Un descubrimiento interesante este « j’en ai marre ». Una vez que se poseen algunas claves de lectura, resulta refrescante y novedoso. Una muestra de la pintura de Juan Emar : Soledad e inquietud árboles rojos

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UN AÑO, Tajamar Editores 2008 (JE 1935),  ISBN 978-956-8245-53-5

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Le lièvre aux yeux d’ambre d’Edmund de Waal

Résultat de recherche d'images pour "edmund de waal"  Edmund de Waal est un artiste britannique (Nottingham 1964), potier d’art reconnu, travaillant la porcelaine et auteur de deux livres, descendant direct de la famille Ephrussi.

Le lièvre aux yeux d’ambre ou La mémoire retrouvée (chez Albin Michel en 2010) a reçu deux prix: Prix de l’Ondaatje de la Royal Society of Literature et le Costa Book Awards, tous les deux en 2011. La traduction de Marina Boraso est si bonne que le lecteur a l’impression de lire l’original en français.

C’est un des meilleurs livres que j’ai lu dernièrement et de loin. Il retrace l’histoire de cette richissime famille juive originaire d’Odessa et qui a essaimé dans tous les continents dont de Waal est un descendant par son père.

Il s’agit de la famille Ephrussi (ou Efrussi) qui s’est enrichie avec le commerce du blé au XIXè siècle à Odessa. Ensuite la famille a donné des banquiers qui ont essaimé  à Vienne puis à Paris vers 1870. Ils vivaient dans un luxe inimaginable aujourd’hui, construisant des palais sur le Ring à Vienne et sur la plaine Monceau à Paris qui, à cette époque, était en plein essor immobilier.

A Vienne, la famille possédait un palais sur le Ring construit par Theophilus Hansen l’architecte danois  qui avait bâti rien de moins que le Reichsrat, le palais de l’archiduc Guillaume, le Musikverein, l’Académie des Beaux-Arts et la Bourse de Vienne; le palais Ephrussi était richement meublé et recouvert d’oeuvres d’art de grande valeur. Les Ephrussi possédaient même de la vaisselle en or qu’ils sortaient pour les grandes occasions. Ils donnaient de grands dîners qui entrainaient des discussions sans fin sur le placement des convives. Chaque après-midi, le majordome, assisté d’un valet, dressait la table à l’aide d’un mètre ruban. On s’inquiétait de savoir si on recevrait à temps les canards commandés à Paris, transportés dans des caisses à bord de l’Orient-Express…

A Paris, c’était tout aussi fastueux, d’autant que l’ancêtre Charles Ephrussi était devenu historien d’art (propriétaire d’une prestigieuse Revue d’Art), mécène et avait initié des collections de premier ordre, entre autres de 264 netsukes, ces miniatures japonaises représentant des personnages, des animaux ou des objets, sculptées dans de l’ivoire ou dans le bois, mesurant entre 2 et 15 cm et qui à l’origine étaient portées à la ceinture, accrochées à l’obi comme une parure. Elles appartiennent au patrimoine artistique japonais et c’est justement la miniature du lièvre aux yeux d’ambre, d’une pâleur étonnante qui donne le titre à ce livre. L’oncle Charles, sans descendance, a donné les netsukes en cadeau de mariage à son neveu Viktor de Vienne et c’est un fils de Viktor qui a pu les récupérer grâce à la bienveillance d’Anna, la servante dévouée de sa mère. La bourgeoisie de la deuxième moitié du XIXè était entichée de japonaiseries qui arrivaient directement chez quelques marchands et que les riches collectionneurs s’arrachaient. Le japonisme faisait fureur à Paris. Déjà la reine Marie Antoinette avait commencé une collection de boîtes laquées, aujourd’hui visibles au Musée Guimet.

Mais Charles Ephrussi était aussi proche de plusieurs impressionnistes et collectionnait les tableaux de Manet, Renoir, Cassatt, Sisley, etc. Ses murs en étaient tapissés.

En dehors de la vie détaillée de cette vaste famille, le livre fourmille de détails sur la vie des riches bourgeois de l’époque, presque tous impliqués dans la finance ou la politique. L’importance de la vie sociale à cette époque est impressionnante et des personnages bien connus  surgissent au fil des pages comme par exemple Marcel Proust, plusieurs fois cité, un ami de la famille qui a dû s’inspirer, pour créer son personnage Swann, de l’oncle Charles (…Charles connaît suffisamment le jeune homme avide de mondanités pour lui conseiller de ne pas s’attarder à un diner après minuit, car ses hôtes sont morts de fatigue. Et en raison d’un affront très ancien, la famille l’a surnommé « le Proustaillon », sobriquet assez pertinent pour un homme qui papillonne de réception en réception).

Ce livre est précieux, certes par l’évocation de l’ascension puis le déclin de la famille Ephrussi, mais aussi par la précision des détails de l’atmosphère, du milieu politique et culturel, de la fin du XXè.

La famille Ephrussi de Vienne a été décimée et spoliée par les nazis. Les trois enfants de Viktor ont quitté Vienne avant l’Anschluss : Elisabeth est partie aux USA et elle a épousé un hollandais appelé de Waal; sa soeur Gisela s’est établie à Madrid et Ignace à Paris où il dessinait des robes. De l’énorme héritage, très peu de pièces ont pu être récupérées par Elisabeth, l’aînée de Viktor qui était avocate. Pratiquement le seul héritage arrivé  intact est la collection de netsukes, sauvés des nazis par la fidèle servante Anna à Vienne qui les avait cachés dans son matelas par affection pour les enfants qui jouaient avec. Ces netsukes ont été légués à Edmund de Waal par l’oncle Ignace qui les avait rapatriés au Japon juste après la deuxième guerre mondiale; ces figurines minuscules, d’une grande finesse, destinées à être tenues dans la paume de la main et à être tripotées; elles ne présentent aucune aspérité. Voici le fameux lièvre :

 

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En fait il semblerait que le but d’Edmund de Waal était de retracer le périple des 264 netsakes, périple autour duquel la vie intime de sa famille s’est déroulée. Et il y a dans l’ouvrage une excellente citation d’un vers de Virgile qui va comme un gant à cette émouvante et inoubliable histoire parce qu’elle résume le coeur du récit : Sunt lacrimae rerum (il y a des larmes dans les choses), les larmes de trois générations d’Ephrussi autour de l’Histoire de l’Europe.

LE LIÈVRE AUX YEUX D’AMBRE, Libres Champs 2015 (E.deW. 2010),  ISBN 978-2-0813-4724-3

Balneario de Adolfo Couve

Résultat de recherche d'images pour "adolfo couve"  Adolfo Couve Rioseco fue un pintor y escritor chileno (Valparaiso 1940-Cartagena de Chile 1998). Después de un cursus en Bellas Artes en Santiago, Paris y Nueva York, se dedicó por completo a la narrativa hacia los años 70. Se le considera como un miembro de la Generación Literaria de 1960, junto con Antonio Skármeta, Carlos Cerda, Mauricio Wacquez, Ramiro Rivas etc. Se le concedió el Premio Municipal de Literatura de Santiago en 2001 por un libro de edición póstuma : Cuando pienso en mi falta de cabeza.

La Generación del 60 o Novísima Generación como se la llamó también, abarcó escritores nacidos entre 1936 y 1945  que comenzaron a publicar por los años 70. El punto de convergencia de todos ellos fue, en el ámbito literario, la preocupación por el lenguaje y las técnicas textuales lo que los unió en una discusión común. Distanciándose de los moldes anteriores, la verdadera renovación de este grupo estuvo en dicha área. Y tal como lo explicó Ramiro Rivas: « Estos narradores dan sepultura al seudo-lirismo, al seudo-filosofar, o la maraña metafísica, al constante falseamiento de la historia, a la adoración mitificada de la anécdota. En su gran mayoría dejaron atrás los caducos moldes del narrador omnisciente. Se dejó de narrar el exterior, desde esa atalaya que todo lo abarca. Se puede utilizar la temática urbano-social, por ejemplo, sin que el autor esté tomando partido o dictándonos cátedra insistentemente » (cf Memoria chilena).

Balneario (1993)  reúne 4 relatos y 11 fragmentos de apenas una o dos páginas.

Los temas de los relatos son variopintos. El primero da el nombre al libro : Balneario, un relato algo patético de una mujer vieja y ajada que aún anhela erotismo. El segundo se intitula Infortunio de los Almagro y es una incursión novelada en la Historia de Chile, con un conquistador enfermo y acorralado por los crueles hermanos Pizarro y secundado por su hijo que también se llamaba Diego; el relato está muy bien logrado dando cuenta de una situación tanto dura como desesperada. El tercer relato es Mamparas del Sagrado Corazón donde un muchacho de 18 años vuelve al fundo familiar en Concepción después de haber cursado la secundaria en un internado de Santiago. Muchos recuerdos de colegio ( tema omnipresente en los autores chilenos cf Jorge Edwards, Carlos Franz, Arturo Fontaine, Alejandro Zambra…), esta vez con los jesuitas (tradición familiar en el relato) y vivero de muchas lumbreras nacionales. Con mención especial al profesor de castellano, siempre importante en el futuro de los literatos en cierne…huir de ese majadero Señor Montenegro, profesor de castellano, de chaleco abotonado, ojos coquetos, manos regordetas sobre la fragilidad de los cuadernos, andar ingrávido. Posaba de autor teatral convocando a padres y apoderados para las fiestas del final de año y, ante telones mal pintarrajeados como sus mejillas, actuaba sus propias obras dramáticas entre alumnos complacientes. Las relaciones familiares son difíciles entre una madre depresiva, una hermana esquiva y un padre de trato recio…bien poco nos aveníamos yo y mi padre y toda nuestra relación estaba sustentada en una competencia tácita, en vez de amor y confianza mutua. Ambos hacíamos lo posible por mejorarla, pero resultaba inútil. En cuanto yo mostraba mi auténtica personalidad, él reaccionaba en forma violenta, denunciando que si bien me quería, en el fondo no me toleraba. (¿Cuánto de autobiográfico en este relato?). El último relato se intitula El parque y es la historia del bello Federico que se casará con una mujer tuerta, pero riquísima, de la cual un día se hastiará y hallará refugio en la extraordinaria belleza de su casa y del parque circundante como un medio de sobrevivir al desamor.

Los 11 fragmentos no tienen una relevancia particular.

La belleza, lo estético, y una homosexualidad soterrada rezuma en la narración. También una propensión hacia lo triste, lo desangelado. La sólida formación de Adolfo Couve como pintor se refleja en sus cuadros bien logrados y que conocieron éxito de estima. Una muestra de su pintura :

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BALNEARIO, Planeta Biblioteca del Sur 1993,  ISBN 956-247-097-0

Meurtre au 31è étage de Per Wahlöö

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Per Wahlöö fut un journaliste et écrivain de polars suédois (Församling Tölö 1926-Malmö 1975). A partir des années 60 il publiera une série de polars (10 volumes) en collaboration avec sa compagne, Maj Sjöwall, mettant en lumière l’inspecteur puis commissaire Martin Beck. Le couple est reconnu comme ayant inventé le roman noir scandinave, aujourd’hui très largement représenté sur le marché du polar. Si les enquêtes de Martin Beck sont largement connues, il est moins connu que Wahlöö a écrit et publié seulement 3 romans sous son seul nom, avec le commissaire Peter Jensen comme protagoniste. Ces romans se situent dans une Suède fictive mettant en lumière les dérives de la société suédoise.

Meurtre au 31è étage (1964) est un polar bien différent, avec un tempo un peu déphasé et où le protagoniste, le commissaire Jensen du seizième district de Stockholm, est un morne policier qui est (déjà) malmené par son métier de flic responsable de sa section qui doit résoudre dans les meilleurs délais des enquêtes un peu glauques (…c’était un officier de police d’âge moyen, de corpulence ordinaire, au visage lisse et inexpressif). De plus, ce pauvre Jensen est affublé de douleurs abdominales lancinantes de l’hypochondre droit et il passe son temps à boire du thé avec des biscottes, ainsi qu’à ingurgiter du bicarbonate de sodium en vrac (nous n’avons pas encore l’irruption massive du café dans les pages des polars…).

Dans ce polar, Jensen est appelé à résoudre le mystère autour de l’arrivée d’une lettre anonyme au sein de la Direction d’un puissant groupe éditorial à Stockholm, groupe qui se tient dans un immeuble de 30 étages, le plus haut de la ville. En fait, c’est un groupe qui détient la totalité de ce qui se publie, soit 144 périodiques avec un tirage supérieur à 21 millions d’exemplaires ! Autrement dit, le groupe contrôle presque toute l’information circulante et de plus, il la manipule parce que cette presse se veut « utile » pour les lecteurs car elle s’adresse à la famille toute entière et s’efforce d’être lisible par tous, de ne pas susciter d’agressivité, du mécontentement ou de l’inquiétude de la part du lectorat. Ainsi ce groupe éditorial satisfait le désir naturel de divertissement de chacun. Bref, le groupe concourt à la bonne entente nationale et crée des passerelles entre les partis politiques, entre la monarchie et la république. Et tout le mérite revient aux dirigeants du groupe éditorial…

Le problème est que dans tous les domaines, on essayait de rapprocher les opinions et les méthodes utilisées, lesquelles avaient presque uniquement pour principe de passer sous silence les contradictions et les difficultés. On masquait les problèmes, on les faisait passer après une constante amélioration du niveau de vie, on les enveloppait dans des mots creux crachés par la radio, la presse et la télévision. Tout cela portait le nom de « divertissement inoffensif« . Mais l’individu se sentait pris en charge en tant que personne physique et traité en irresponsable sur le plan de l’esprit; la politique et la société étaient devenues difficiles à comprendre, tout était acceptable mais inintéressant; et cela  créait chez l’individu un désarroi, suivi d’une indifférence générale. Et tout au fond, une terreur indéfinissable. Et l’un des principes fondamentaux de l’Entente est que tout doit être rentable. Tous les procès, y compris ceux concernant des bagatelles, ont fini par échapper plus ou moins au citoyen. Le motif était toujours le même : protéger l’individu contre des faits scandaleux, choquants ou effrayants, capables de troubler sa quiétude d’esprit.

En apparence dans cette société tout s’était amélioré, mais il y avait trois ombres : l’alcoolisme, le taux de suicides et la baisse de la natalité.

L’immeuble de l’Éditorial comporte 31 étages et le dernier étage est appelé « la section spéciale » ou « section 31 »; à cet étage le travail est mystérieux; les employés qui élaborent des projets appelés dummy, sont deux douzaines d’individus à la volonté affirmée sans dénominateur commun préalable, qui seront relégués à produire un journal « à l’ancienne »;  ce journal ne sera jamais édité car il aurait pu éveiller la conscience de certains. Il s’agit de propager l’indifférence sans  rencontrer d’obstacles.

Dans cette Suède fictive, la société a un grave problème d’alcoolisme et celui-ci est traqué et condamné sans merci (…bien que combattu très activement, l’alcoolisme sur la voie publique ne cessait d’augmenter et, depuis que le gouvernement avait fait adopter une nouvelle loi interdisant la consommation excessive d’alcool même en privé, la tâche de la police était devenue pratiquement surhumaine. De 2 à 3 mille personnes plus ou moins ivres mortes étaient arrêtées chaque soir; la moitié environ étaient des femmes. Et ce, malgré un impôt de 500% sur l’alcool. Mais les conditions de vie sont telles que  les gens sont pratiquement  amenés à se saouler à mort pour échapper à la morosité orchestrée et pour couronner le tout, on rafle 300 mille couronnes par jour en amendes pour alcoolisme, rien qu’à Stockholm…).

Constat amer d’une société muselée par les organes d’information, où l’on pratique à l’échelle nationale un « lavage de cerveau » de l’habitant. C’est devenu monnaie courante sous nos latitudes, n’est-ce pas?

MEURTRE AU 31è ÈTAGE, Rivages / Noir 801 2010 (PW 1964),  ISBN 978-2-7436-2161-2

Sonata del olvido de Roberto Ampuero

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Roberto Ampuero Espinoza es un exitoso escritor chileno (Valparaiso 1953), creador del entrañable detective cubano radicado en Chile, Cayetano Brulé (Brulé es el segundo apellido de su padre). El escritor posee un PhD de la Universidad de Iowa, EEUU, con una tesis literaria con el  tema : « La historia como conjetura. La narrativa de Jorge Edwards ». Fue nombrado Embajador de Chile en Mexico por Sebastian Piñera entre 2011 y 2013, y luego asumió el cargo de Ministro de la Cultura en Chile. El escritor ya totaliza unos 35 años viviendo fuera de Chile, pero conserva intacto cierto atavismo hacia su país; sus novelas están escritas en un lenguaje muy chileno y coloquial.

He reseñado cuatro de sus libros en este blog : El último tango de Salvador Allende en noviembre 2012, Pasiones griegas en octubre 2013, Bahía de los misterios en junio 2014 y Detrás del muro en marzo 2015.

Sonata del olvido (2016) me ha defraudado. Resultó para mi una novela intrascendente en su primera parte y una verdadera « cabeza de pescado » en la segunda. Hablar o escribir « cabezas de pescado » es un chilenismo, sinónimo de cosas sin importancia, tontas, ridículas. Es una novela que el escritor comenzó en 2010, pero que dejó de lado por tener otras prioridades.

La primera parte sucede en EEUU en la pequeña ciudad de Wartburg City en Tennessee. Con un narrador chileno, hijo de padres exiliados « revolucionarios de tomo y lomo » (sic pagina 35) en 1983 (…irse a los EEUU siendo revolucionarios de tomo y lomo…vaya, vaya ). El narrador es Clemente Fo, tiene 50 años, es músico callejero, toca el saxofón y está casado con Samanta Damon, bailarina hija de cubana y de norteamericano. Es más bien un antihéroe.

Un día vuelve a casa después de una de sus tantas giras y encuentra a Samanta encamada con un tipo más joven que se presenta como León Dupuis, francés. Su mujer lo pone de patitas en la calle y Clemente se ve en aprietos. De pronto León desaparecerá y surge en la narración un extraño detective sueco, Duncan, que es un personaje de otra obra de Ampuero ambientada en Suecia, o sea, que los personajes ficcionales de Roberto Ampuero empiezan a invadir el relato y el saxofonista tiene la impresión desagradable de que le están manipulando su vida.

La segunda parte acaece en Chile porque Clemente Fo parte en pos de Roberto Ampuero que dio vida al personaje de Duncan…Aquí la cosa se pone francamente peliaguda y tirada por las mechas. Roberto Ampuero es un ochentón, bastante gaga, custodiado por su mujer, una verdadera cancerbera, el escritor ya no tiene muy claro lo que escribió y tampoco lo que está escribiendo…Clemente se pondrá en contacto con Mefistófeles llamado en la novela Don Máximo De Angelis quien desea serle muy grato contra la eliminación del carcamal gaga de Ampuero…

Oh la la, qué revoltijo de inepcias.

La trama está « aliñada » con referencias literarias, filosóficas, de canciones norteamericanas, películas, restoranes y comidas hasta con nombres de mostos. Como si los lectores,  la pudiesen utilizar como un guía turístico para Valparaíso, tal como lo hicieron en su tiempo los gringos visitando Paris con el libro Da Vinci Code bajo el brazo…

También Don Roberto Ampuero arregla cuentas con sus conciudadanos chilenos en general y porteños en particular. Y con los escritores. Porque él, Ampuero,  según el librero dueño de la Librería Éxtasis (que en realidad se llama Crisis), escribe lo que quiere y eso representa un mérito en ese país, donde muchos escriben para la academia, los críticos, los colegas, la pareja o la mamá…

En Chile nada es lo que parece ser. Allí cuando le dicen a la gente « ya nos vemos » es « espero no verte más »; el « no se preocupe » es « preocúpate mucho » y el « dalo por hecho » es « no confíes en mi promesa ».  En Chile lo único que no perdonan es el éxito ajeno porque despedazan a la gente exitosa. En ese país la inmensa mayoría floja, pedigüeña e hipócrita que vegeta en la estrecha faja de tierra…(página 197). Los cobardes siempre se mezclan entre los zalameros, porque este es un país hipócrita (página 319).

Francamente una lectura decepcionante que no aporta nada, ni siquiera entretención, lo que ya sería algo.

SONATA DEL OLVIDO, Sudamericana 2016,  ISBN 978-956-262-489-3

La garçonnière de la République d’Emilie Lanez

Résultat de recherche d'images pour "emilie lanez"  Émilie Lanez est une journaliste politique française au journal Le Point; elle a déjà publié plusieurs livres.

La garçonnière de la République (2017)  nous raconte quelques faits autour d’une propriété de l’État très méconnue parce que gardée sécrète : La Lanterne, sise dans le parc de Versailles.

LES LIEUX : le pavillon de La Lanterne est une bâtisse du XVIIIè ayant appartenu au prince de Poix et de Noailles (gouverneur et capitaine de chasses, villes, châteaux et parcs de Versailles, Marly et dépendance) qui bénéficiait d’un appartement dans l’aile droite du Château sous Louis XV. Sa femme était la première dame d’honneur auprès de la reine. Mais le prince de Poix rêvait d’avoir un jardin à lui tout seul et le roi lui accorda un terrain en 1756 à l’extrémité du petit parc : 49 000 mètres carrés au bout de l’allée de la Tuilerie, à droite de l’ancienne mine de la Sablière et du Pavillon de la Girafe de la Ménagerie; une ménagerie destinée à amuser Louis XV enfant. Cette proximité fera que les odeurs régnantes à La Lanterne étaient pestilentielles. Le prince de Poix y résidera très peu et la bâtisse restera un lieu de passage. A la Révolution, le prince de Poix sauvera sa tête en fuyant vers la Suisse. Louis XVIII récupérera la maison afin d’étendre son domaine de chasse et au début du XXè, ce sont de riches américains qui louent la propriété. En 1945 La Lanterne rentre dans la liste des résidences républicaines avec le Général De Gaulle.

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LE NOM : il est vraisemblable qu’elle ait été ainsi baptisée parce qu’elle fut décorée, dès sa construction, du lanternon qui couronnait le pavillon de la Ménagerie.

L’ACCÈS : il faut serpenter jusqu’à la pièce d’eau des Suisses, puis, ayant dépassé la façade de l’Orangerie, en contre-bas du Château, il faut rouler sur la longue ligne droite bordant le parc. A travers ses grilles se dévoilent les allées du domaine, les courbes des parterres de buis et le reflet des fontaines. Puis à gauche de la route, le camp des Matelots et la fin du parc royal, avec un simple mur de pierres moussues. Sur la D10 qui relie Versailles à St Cyr-l’École, apparaissent deux maisons (La Poulinière et La Ménagerie), ce sont des communs du Château où logent 11 familles d’employés; depuis leur cour se voit nettement le toit de La Lanterne et ses trois cheminées. Juste après La Poulinière, à hauteur d’une halte d’autobus, une palissade de bois blanc barre la route de La Lanterne. Depuis le pavillon de la Chouette, une étroite maisonnette de briques roses, les sentinelles veillent. Ce pavillon dépassé, on roule à travers un bois, planté sous Nicolas Sarkozy afin de ne pas laisser une étendue d’herbe à découvert. Une grille pleine en fer forgé clôture l’entrée. Elle est bordée de deux piliers de marbre décorés de têtes de cerf. Des armes posées sous louis XVI, qui les fit venir de la grille des Cerfs dela Ménagerie, afin de rappeler que le propriétaire de La Lanterne, le prince de Poix et  duc de Noailles, occupe à son service la prestigieuse fonction de gouverneur des chasses. Ce qui se tient derrière ces grilles, les Français l’ignorent.

La demeure est construite en U autour d’une cour gravillonnée, bordée de haies de buis et de troènes, dans laquelle quatre carrés de pelouse forment une figure géométrique.

L’INTÉRIEUR : l’hôte principal réside dans le « pavillon central » avec une entrée pavée de marbre noir et blanc en damier avec un escalier tournant vers l’étage. A gauche, se trouve le grand salon dit « le salon vert », avec autour d’une table basse en Plexiglas, un canapé trois places et quatre fauteuils en tissu de la maison Braquenié, un élégant sécretaire Louis XV, un piano à queue; deux guéridons complètent la décoration. C’est la plus grande pièce de la maison. Au- delà du salon, le bureau et quelques fauteuils style Empire, recouverts de tissu vert, entourent ce bureau Louis XVI. Trois lignes de téléphone fixe :une pour l’extérieur, une reliée à l’Elysée et l’autre à Matignon. A droite de l’entrée, la salle à manger et son office, pour 8 à 10 convives autour d’une table ovale et des chaises Empire estampillées frères Jacob. Le parquet est « à la Versailles » et la lumière rentre à flots par sept portes-fenêtres se faisant face. Il n’y a aucun couloir à La Lanterne, avec des pièces qui se succèdent en enfilade. Dans l’aile droite, il y a la cuisine de 50 mètres carrés équipée de toutes les modernités. Puis on trouve la Laiterie, une pièce décorée de panneaux de marbre aux teintes rosées où l’on conserve au frais les bouquets de fleurs, les victuailles et les caisses de champagne. Après la Laiterie, l’écurie puis le garage. Au premier étage, chambres et salles de bains. Dans l’aile droite dorment les officiers de sécurité et le personnel; dans l’aile gauche, se trouvent les trois chambres mansardées des invités qui communiquent entre elles. Dans le corps principal, les deux chambres du président de la République. Une petite, une plus grande, chacune avec sa salle de bain. A côté de chaque chambre, une petite pièce exiguë qui sert de débarras.

LES OCCUPANTS : en 1958, le Général De Gaulle attribue La Lanterne à la villégiature des Premiers ministres. Le premier à l’occuper fut Michel Debré. La maison était dans un état déplorable, elle sera réhabilitée pendant trois ans puis meublée en Empire à  partir des collections du château de Versailles et de l’Elysée. L’occupant le plus long,  ce sera André Malraux : sept années en tant que ministre des Affaires culturelles.  Nicolas Sarkozy décidera en 2008, dès son élection, de récupérer pour la présidence cette demeure. Toutes les dames se succédant à La Lanterne auront des velléités de propriétaires sur les lieux…

LA GESTION : sous la Vè République, le coût de La Lanterne n’est abordé que 4 fois en séance à l’Assemblée nationale. Le domaine appartient à Versailles et le bâtiment fait l’objet d’une convention entre France Domaine et le ministère de la Culture. C’est à dire que les travaux sont payés par le ministère de la Culture mais reste à la charge de Matignon : Matignon paye, l’Elysée dispose puis l’Elysée rembourse…Elle a un statut extraterritorial.

Ce ne sont que des potins autour de La Lanterne, car le sujet est tabou. Chacun trouvera « chaussure à son pied » en lisant ce livre qui n’apporte pas beaucoup de lumières sur la question, sauf pour dire que nos élus vivent royalement en République au frais du contribuable français.

LA GARÇONNIÈRE, Grasset & Fasquelle 2017,  ISBN 978-2-246-86120-1

Facsímil de Alejandro Zambra

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Alejandro Zambra Infantas es un poeta y narrador chileno (Santiago 1975) que fue destacado como uno de los 39 mejores escritores latinoamericanos menores de 39 años en Bogotá en 2007 (sólo 2 chilenos) y también como uno de los 22 mejores escritores de lengua española de menos de 35 años, por la Revista británica Granta (Cambridge). Zambra es Licenciado en Literatura Hispánica con un Magister en España en filología . Hace parte  de la que llaman « generación Bogotá 39″.

Comenté en este blog tres libros suyos que me encantaron porque escribe bien sin ser  complicado, plantea claramente sus temas y puede ser muy « visual » y a veces divertido, siempre coloquial. En febrero 2015 publiqué un billete sobre Bonsái,  en julio 2015 sobre La vida privada de los árboles y en febrero 2017 sobre Mis documentos. Quisiera leerle todo lo publicado y ya hice un pedido para que me lo manden desde Chile, estoy curiosa por leerle el ensayo No Leer que  es una recopilación de artículos sobre lo que le gusta tanto y a mi también : la lectura.

Los temas de Zambra se repiten, pero se leen con empatía por la calidad de la escritura y por la dosis de sentimientos que acarrean y que provocan en el lectorado. Alejandro Zambra escribe sobre sus recuerdos, sobre literatura, sobre tecnologías hoy en desuso, sobre la clase media chilena, sobre la dificultad de establecer relaciones amorosas duraderas, etc.

Facsímil también me ha gustado aunque algo menos porque por momentos lo sentí como una « tomadura de pelo ».  Es un libro que hice venir desde Chile junto con otros dos de Zambra que ya aparecerán en el blog. Y el libro como de costumbre, es flaquito (100 páginas) y tiene una anécdota. Me lo mandaron  de regalo desde Chile, pero nunca  llegó…misterios del correo.

Tiene un formato muy original : el formato de PAA con ejercicios. PAA =Prueba de Aptitud Académica, el nombre del ex-Bachillerato en Chile que se practicó entre 1967 y 2002 donde se incluían 90 preguntas de selección múltiple distribuidas en las 5 secciones utilizadas por Zambra. Hoy en día a este examen pre universitario se le llama PSU y da puntaje para postular a las diversas carreras universitarias.

El libro se divide en 5 partes : « Términos excluidos« , « Plan de redacción« , « Uso de ilativos« , « Eliminación de oraciones » y « Comprensión de lectura« .

No hay narrador ni personajes principales, ni historia en este libro. Es un juego de ejercicios con el lector bajo la forma de elección múltiple, pero parodiando a la PAA. El texto requiere una participación activa, sin ninguna posibilidad de escapatoria. Pero no siempre le seguí la cuerda a Zambra, a veces lo mandé a paseo porque me interpelaba.

Y me gustó algo menos porque toca temas recurrentes: la formación escolar o universitaria, las relaciones familiares, especialmente con los padres, con la pareja, con los hijos, el fantasma de la dictadura, la educación sexual. Se « siente » entre líneas que son temas sangrantes en el fuero interior del escritor y que vuelven, lancinantes…

Zambra sabe escribir y llega al fondo de las cosas, es por momentos bastante divertido y por otros, bastante crudo. Me sacó más de una sonrisa. Es pertinente. Le da en el clavo. Y es diferente a todos, es un escritor bastante sui generis.

Una mención especial al « ejercicio de redacción », página 27…223 eran el número de pecas de la amada. Relee los mensajes que le mandaba:  son hermosos, divertidos. Párrafos largos, frases vivas, complejas. Palabras cálidas. Elle escribe mejor que él. Recuerda cuando manejó cinco horas para verla cinco minutos. No fueron diez minutos, fue la tarde entera, pero le gusta pensar que fueron diez minutos. Recuerda las olas, las rocas. Nunca se acostumbró a estar con ella. Nunca se acostumbró a estar sin ella. Recuerda cuando decía, en un susurro, como para sí misma : todo está bien.

Lo mejor del libro para mi está al final, con el capítulo « Comprensión de lectura » que nos brinda 3 buenas historias que salvarán el conjunto. Ahí destaca el talento nato de Alejandro Zambra y sus dones primerizos de poeta.

Una lectura interesante en formato pequeño donde el lector siente por osmosis la parte autobiográfica que se repite en la obra de Alejandro Zambra. Los temas se repiten, pero la manera de contarlo le es única.

FACSÍMIL, Hueders 2014, ISBN 978-956-8935-43-6