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La lección de pintura de Adolfo Couve

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Adolfo Couve Rioseco fue un pintor y escritor chileno (Valparaiso 1940-Cartagena de Chile 1998). Después de un cursus en Bellas Artes en Santiago, Paris y Nueva York, alrededor de 1960 dejó la pintura y se dedicó por completo a la narrativa para luego en los años 80 hacer el camino inverso. Se le considera como un miembro de la Generación Literaria de 1960, junto con Antonio Skármeta, Carlos Cerda, Mauricio Wacquez, Ramiro Rivas etc. Se le concedió el Premio Municipal de Literatura de Santiago en 2001 por un libro de edición póstuma : Cuando pienso en mi falta de cabeza.

Adolfo Couve fue pintor y escritor, pero no fue las dos cosas al mismo tiempo. Sus cuadros son preciosos, especialmente aquellos que retratan el mar donde solo falta el ruido del oleaje para percibir la realidad.

La Generación del 60 o Novísima Generación como se la llamó también, abarcó escritores nacidos entre 1936 y 1945  que comenzaron a publicar por los años 70. El punto de convergencia de todos ellos fue, en el ámbito literario, la preocupación por el lenguaje y las técnicas textuales, lo que los unió en una discusión común. Distanciándose de los moldes anteriores, la verdadera renovación de este grupo estuvo en dicha área. Y tal como lo explicó Ramiro Rivas: « Estos narradores dan sepultura al seudo-lirismo, al seudo-filosofar, o la maraña metafísica, al constante falseamiento de la historia, a la adoración mitificada de la anécdota. En su gran mayoría dejaron atrás los caducos moldes del narrador omnisciente. Se dejó de narrar el exterior, desde esa atalaya que todo lo abarca. Se puede utilizar la temática urbano-social, por ejemplo, sin que el autor esté tomando partido o dictándonos cátedra insistentemente » (cf Memoria chilena).

Publiqué en avril 2017 un billete sobre su novela Balneario (1993), que reúne 4 relatos y 11 fragmentos de apenas una o dos páginas. Y en octubre 2019 un billete sobre su corta novela La Comedia del Arte (1995), novela interesante porque compleja y llena de mensajes subliminales.

La lección de pintura (1979) es una corta novela de 88 páginas, un ejercicio estético donde no hay ninguna lección de pintura, sino un relato del nacimiento de una vocación hacia la pintura en un niño pobre y superdotado en la comuna chilena de Llay-Llay (de la provincia de San Felipe en Valparaiso). Probablemente que a través de la experiencia de este niño, Couve hable de su propia experiencia.

Una película se filmó en 2011 con Pablo Perelman como director, con un título epónimo.

Adolfo Couve dijo sobre este libro en una entrevista…Mi libro no es la lección de pintura; es la lección de la vida. La novela muestra que nadie le arrebata a uno su talento, que surge en cualquier parte y al que colaboran los demás. Pero la persona que lo logra, debe saber que eso tiene un precio y ese precio es la soledad…

LA NOVELA : Elvira Medrano se dice viuda, y se instalará en Llay-Llay donde trabaja en la contabilidad del farmacéutico del pueblo. En realidad es madre soltera y esconde su estado porque no es bien visto por la sociedad chilena, sobre todo pueblerina. El niño, fruto de un desliz, se llama Augusto y rápidamente el farmacéutico nota sus dones extraordinarios hacia el dibujo y la pintura, sobre todo que el hombre se vanagloria de sus conocimientos en materia pictórica, esencialmente sobre los impresionistas franceses. Cuando Augusto se transforma en un adolescente, el farmacéutico lo lleva a Santiago a visitar el Museo de Bellas Artes y a los 13 lo mandará a Viña del Mar donde una pintora de renombre para que le de clases en el Palacio Vergara. El joven Augusto no pasará desapercibido.

Fernando Durán en el diario El Mercurio anota sobre este libro…el pintor va, por lo tanto, haciéndose a través de otras pinturas, pero es ya pintor antes de efectuar esos descubrimientos, que son, en última instancia, corroboraciones o confirmaciones de una certeza interior que las precede y anticipa. De allí que « la lección » encuentre en él a un maestro y a un discípulo, tan indisolublemente unidos, que no podría separárseles sin destruirlos a los dos. La profundidad de la lección es subjetiva: consiste en la auto-revelación, en el auto-descubrimiento que en él se opera y que, silenciosamente, es el encuentro de un ente escondido, ignorado, con otro que siente al mundo como materia plástica, como forma y colorido, como tema pictórico esencial e insustituible.

Hay una gran economía en los recursos de esta narración aunque sobresale claramente un mensaje que resulta universal haciendo resaltar esa soledad del artista-creador.

LA LECCIÓN DE PINTURA, Planeta Chile 1991 (AC 1979),  ISBN 956-247-070-8

El hombre que miraba al cielo de Hernán Rivera Letelier

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Hernán Rivera Letelier es un novelista y poeta chileno (Talca 1950). Se le conoce por sus novelas ambientadas en la pampa salitrera chilena. El hombre sabe sobre lo que escribe porque vivió su infancia en oficinas salitreras y trabajó como adulto en varias de ellas. Empezó su carrera literaria como poeta, ganando varios premios. Poco a poco ha ido construyendo una obra importante, dedicada al norte chileno, ese norte que albergó las salitreras que hicieron la riqueza de Chile y también de muchos extranjeros. Una pampa chilena que albergó más de 200 salitreras (entre Antofagasta y Tarapacá) y que Hernán Rivera Letelier conoció de cerca. ¿Quién mejor que él puede conocer ese ambiente rico en mitos y leyendas? Hoy en día es un mundo sumido en el olvido.

He comentado en este blog 8 libros de Hernán Rivera Letelier porque me gusta mucho su estilo sencillo aunque con rico vocabulario y auténtico. Y como ya lo dije una vez, encuentro que tiene magia para encontrar los títulos de sus libros.

El hombre que miraba al cielo (2018), su novela N°18 es un cuento largo o una novela corta de solo 97 páginas, bonitamente ilustrada con una carátula en papel mostrando el cielo pampino de una rara pureza durante el día y la portada de cartón duro, mostrando el mismo cielo de noche : un derroche de estrellas que con la atmósfera tan pura, uno tiene la impresión de poder tocar con los brazos extendidos hacia el cielo.

El escritor dice que buscaba hacer una oda a los cielos del norte de Chile, los más diáfanos del planeta y que para ello quiso escribir con una prosa transparente. Es un libro que le vino solito y que necesitó unos 4 años de trabajo  y de pulido interrumpido por otras escrituras. El nombre de Loredanna, la protagonista del librito, se lo pidió prestado a una chica bonita que entró al café donde suele escribir y le preguntó qué estaba escribiendo…

Tiene algo muy bonito este libro. Y es que Rivera Letelier le pone colores a los días de la semana aduciendo qué ya lo había experimentado en su novela Romance del duende que me escribe las novelas (2005). El día lunes es de aluminio, el martes de plomo, el miércoles de bronce, el jueves de acero, el viernes de níquel, el sábado y el domingo son de oro o de pirita (el oro del tonto). Los colores en el norte de Chile son importantes, es tanta la riqueza minera y tan diversa que los cerros tienen colores diferentes según el metal que predomina. Es una de las cosas que más me fascinan de la pampa chilena.

Es una historia bastante sentimental aunque no seráfica porque suceden cosas truculentas.

Lorenzo es un joven mapuche de 22 años, originario de Temuco y que vino al norte después de una ruptura sentimental, vive pintando con tiza sobre las veredas y lo apodan el Pajarito porque sabe silbar muy bien. Loredanna tiene 20 años y viene de Santiago, es de origen italiano y huyó la casa paterna a los 14 años con un chico que le enseñó el oficio de malabarista de semáforos; ella huyó al norte cuando su compañerito murió atropellado, es una chica anarquista y le llaman la Saltimbanqui.

Los chicos van a conocer al Mirador, un hombre alto, canoso y que parece enfermo. En realidad se muere de cancer, pero quiere hacer un último viaje a San Pedro de Atacama para contemplar esos cielos de maravilla y los chicos deciden acompañarlo en su último destino.

Durante ese viaje conocerán la vida del Mirador y entenderán que este viaje fue programado para cumplir un deseo, una venganza.

Es una historia muy bonita, pero que conlleva cosas graves y terribles. No es una historia seráfica, es una historia triste y moderna al mismo tiempo.

EL HOMBRE QUE MIRABA, Alfaguara 2018,  ISBN 978-956-384-066

Historia de un caracol que descubrió la importancia de la lentitud de Luis Sepúlveda

 

Résultat de recherche d'images pour "historia de un caracol que descubrio"Luis Sepúlveda es un escritor, periodista y cineasta chileno (Ovalle 1949), autor de cuentos y novelas. El hombre fue un verdadero globe- trotter entre los años 1983 y 1988. Desde 1997, el escritor reside en Gijón, España.

Como escritor, saltó a la fama en 1992 con su precioso libro Un viejo que leía novelas de amor, una novela que fue el resultado de la convivencia durante 7 meses con los indios shuar o jíbaros en la selva ecuatoriana. Este libro fue llevado dos veces al cine : por el chileno Miguel Littin en el 2000 y por el australiano Rolf de Heer en el 2001, película que vi y que me gustó, con Richard Dreyfuss en el papel del viejo; el libro se vendió a más de 18 millones de ejemplares y  fue traducido a 14 idiomas.

Le he leído muchos libros, aunque puedo encontrarlos algo desiguales en interés; en todo caso  me gusta su escritura sencilla, llena de anécdotas y aferrada a un realismo social y geográfico; la escritura de Sepúlveda  aparece como una evolución del neorrealismo hacia nuevas tendencias.

Comenté en octubre 2016 su compendio de 12 cuentos La Lámpara de Aladino (2008), varios de los cuentos me resultaron muy bonitos.

Historia de un caracol (reduciremos el título) es un lindo cuento-fábula de menos de 100 páginas y con letra grande lo que facilita la lectura. Es una parábola que nos lleva a pensar que la curiosidad puede mover al mundo, que el orden establecido puede cambiar, que la memoria ayuda a comprender las cosas, que la reflexión necesita tomarse el tiempo de escuchar a los otros.

En un prado viven los caracoles bajo los acantos y se nutren de la planta « dientes de dragón », no tienen más mundo ni ambiciones. pero un día un joven caracol se va a preguntar por qué el no tiene nombre y para qué servirá su lentitud. Entonces emprenderá un « gran » viaje a través del prado donde encontrará a una tortuga que le parecerá muy rápida (todo es relativo en este mundo) y que se llama Memoria; la tortuga le pondrá de nombre Rebelde y lo llevará a cuestas hasta ubicar al búho que representa la sabiduría.

Este pequeño e insignificante viaje abrirá los ojos a Rebelde porque se dará cuenta que vendrán cambios radicales en su habitat : los humanos están asfaltando una carretera que va a terminar con el predio donde viven los caracoles. Rebelde los va a incitar a moverse lo que no será siempre bienvenido y habrá descontento en algunos.

Será entonces el viaje iniciático del intrépido y valiente Rebelde quien gracias a su curiosidad salvará a una parte de su comunidad de los raudos y estrepitosos humanos. Quod erat demonstrandum.

HISTORIA DE, Tusquets 2018,  ISBN 978-84-9066-540-4

Un año de Juan Emar

 

Résultat de recherche d'images pour "jean emar"  Juan Emar es el seudónimo de Álvaro Yáñez Bianchi, un pintor, crítico de arte y escritor chileno (Santiago 1893-1964); un exponente chileno de la vanguardia literaria de la década de 1920-30. Viajó a Europa varias veces y se instaló en 1919 en Paris tomando clases de dibujo y de pintura.

El seudónimo lo escogió en Paris volviendo a Chile en 1923 : Juan Emar o Jean Emar que proviene del francés « j’en ai marre » con una transposición fonética al chileno en Jean Emar. La locución francesa quiere decir « estoy harto », « estoy hasta la coronilla ».

Fue hijo de Eliodoro Yáñez, un senador y empresario chileno, fundador del diario La Nación y que dejó el nombre a una calle de Santiago. En las columnas del diario de su padre, Jean Emar defendió las tendencias de la vanguardia europea abogando por la superación del criollismo y academicismo que estaban de moda en Chile en aquellos años.

Juan Emar fundó e hizo parte del grupo de artistas plásticos chilenos conocidos como Grupo Montparnasse, del nombre del barrio bohemio en voga en los años 20-30; el colectivo artístico chileno se formó en 1922 y fue influenciado por el post impresionismo europeo, especialmente el fauvismo y el cubismo.

Juan Emar fue totalmente ignorado e incomprendido por la crítica chilena de la época. Comenzó a ser estudiado solamente en la década de los 70-80 con el rótulo de surrealista, kafkiano o proustiano.

Un año (1935) es una novela breve (85 páginas) que desafió en su tiempo los códigos de representación del realismo nacional (criollismo) con estructuras fragmentarias y alegóricas incluyendo principios del cubismo europeo y algo del creacionismo de Vicente Huidobro, el poeta chileno ( Jean Emar le publicó Altazor, su opera prima en La Nación). El libro Un año incluye tres ilustraciones de Gabriela Emar que fue su segunda esposa.

Es un libro que se debe leer advertido de lo que se va a leer, en el caso contrario el lector puede perderse en los meandros del pensamiento caótico-absurdo y sin mensaje del escritor. Yo tenía por momentos la impresión muy personal de estar ante un cuadro del belga Magritte : una ventana abierta hacia otra cosa o un cajón con un contenido inesperado, la fina flor del surrealismo.

Es un libro original con 12 capítulos correspondientes a los doce meses del año. Comienzan siempre el primero del mes y no tienen ninguna interconexión entre ellos. El lenguaje es llano y correcto, pero el mensaje…no hay mensaje. El lector tiene que orientar su búsqueda solito y hacerse una opinión. Requiere cierto esfuerzo intelectual. Por momentos es divertido y sorprende. Por momentos me pareció hermético como por ejemplo en los capítulos dedicados a los meses de noviembre y diciembre.

Noviembre 1° : Hoy he sido operado de la oreja y del teléfono. El doctor Hualañé, en persona, manejó el cloroformo y el bisturí. He aquí como las cosas acontecieron : de tiempo atrás amo yo a Camila, desenfrenadamente. Ella me ama un día cada ocho y durante éstos, se ríe de mí con tanto desenfreno como desenfreno hay en mi amor desenfrenado. Y sigue así, completa y absolutamente absurdo, surrealista. Genial.

En el prólogo del libro, firmado por Patricio Lizama de la U de Chile, se lee…Emar desplaza el relato desde la historia y sus nudos dramáticos tradicionales, hacia las disquisiciones de todo orden, el análisis estético-ideológico del campo cultural y la reflexión metaliteraria que devela el proceso de escritura y la labor del artista. En la narración de Emar, el yo se desdobla, se oculta y se deforma, los personajes deambulan por paisajes desacostumbrados y espacios que van desde la coyuntura nacional a la otredad, del mundo visible a la « región lejana ». Un año presenta un narrador que utiliza el género discursivo del diario de vida para registrar los insólitos sucesos que le ocurren el primer día de cada mes del año, acontecimientos fantásticos desprovistos de toda causalidad visible y en los cuales se mezclan distintos niveles de realidad.

En letras libres hay un excelente artículo sobre Emar firmado por Rafael Gumucio en 2012…hete aquí un extracto…Todo en sus libros está oculto, aunque su prosa sea diáfana. Hasta los números, sobre todo los números de las casas, los objetos, parecen contarnos algo más de lo que cuentan. Todo en Emar sugiere secretos ocultos, rituales esotéricos, iniciación que no inicia nunca a nadie, porque el lector y el escritor están condenados, una condena que es también un premio, a quedarse en el umbral, vislumbrar el misterio, el secreto pero sin entrar para no interrumpirlo.

Tiene Emar ciertos « tics linguísticos », quizás producto de lo que se utilizaba en aquellos años. Por ejemplo vuelve a menudo en el texto « los dedos de Dios » (…1° de julio : hoy he vagado sin rumbo. Tras de mi, paso a paso, el dedo de Dios. Lo he sentido a todo momento. Dos veces se me ha clavado en la nuca…). Y también cierta familiaridad con la superstición, el número 14 por ejemplo. Al principio del libro Emar explica que tiene problemas con ese guarismo. Y mucho más tarde le hace un guiño al lector recordándole que ya fue explicado esto con el número 14, creando de esta manera una complicidad inesperada con el lector que andaba perdido en cavilaciones para seguirle la cuerda…Genial.

Un descubrimiento interesante este « j’en ai marre ». Una vez que se poseen algunas claves de lectura, resulta refrescante y novedoso. Una muestra de la pintura de Juan Emar : Soledad e inquietud árboles rojos

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UN AÑO, Tajamar Editores 2008 (JE 1935),  ISBN 978-956-8245-53-5