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Los Señores de Luis Alberto Sánchez

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Luis Alberto Sánchez fue un gran personaje peruano multifacético ( Lima 1900-1994 ), conocido como  » el Patricio de la cultura nacional » : escritor, abogado, historiador, maestro,  periodista, crítico literario, tres veces Rector de la Universidad de San Marcos, político : Presidente del Senado, Vicepresidente de la República y Primer Ministro. Y lo que  lo hace más entrañable a mis ojos : gran lector. Su obra más destacada fue sobre Manuel González Prada, un ensayista, (pensador anarquista y poeta peruano ).

Don Luis Alberto Sánchez posee una vastísima bibliografía.

Comenté en este blog en marzo 2012 su interesante libro sobre Guatemala y su cultura La Tierra del Quetzal, un libro que me recomendaron en Guatemala.

Los Señores es el primer tomo de una trilogía con Los Burgueses y Los Redentores.

Don Luis Alberto tiene especiales dones de escritura : fuera de presentar hechos históricos verídicos, tiene una escritura muy amena y  divertida por momentos. Destaco especialmente lo bien que describe físicamente  sus personajes : no falta ni un detalle. Es también un excelente crítico social.

Este tomo pudo llamarse Los Señorones porque describe la Lima política de 1900, hasta poco después de la PGM. En aquella época los políticos eran todos de rancio abolengo, producto de las mejores familias peruanas que se pasaban el mando presidencial unos a otros y se conocían todos. Aún así las intrigas y los golpes de estado reales o fallidos, eran moneda corriente. Dice Don Luis Alberto que la Lima de estos señorones ocupaba un área de 8 Km cuadrados, poco más que un barrio contemporáneo y que la flor y nata de la villa eran unos 10 mil blancos de alto y mediano linaje, que reinaban sin corona, haciendo sentir su peso sobre otros 40 mil blancos más o menos claros, de linaje menos brillante y el resto de diverso color, olor y grosor…

De manera muy resumida, la historia del Perú a principios del siglo XX se conoce como la República Aristocrática u oligárquica (1895-1919) con 2 partidos políticos : el Demócrata o pierolista y el Civil o civilista. Conoceremos en el detalle la vida de los presidentes José Pardo y Augusto Leguía. Este último enfrentó un fallido golpe de Estado, promovido por Carlos de Piérola, hermano del ex presidente Nicolás de Piérola. Esta novela se extiende hasta el segundo gobierno de Leguía autodenominado Patria Nueva.

La parte política es la parte que menos me interesó del relato porque no soy ninguna experta en Historia del Perú, pero lo que si me interesó fue aprender como era la Lima de entonces, como vivía la gente en aquel tiempo, de qué se entretenía, qué se comía a diario en las casas, las horas de visita a la enamorada, las tertulias y  mil detalles cotidianos.

La descripción de un almuerzo en una casa de alcurnia…la mesa tenía capacidad para unas 16 personas. Trajeron una inmensa sopera. La madre de Carmen Rosa, con un enorme cucharón de plata sirvió la sopa color atomatado, con fideos gruesos, oliente a orégano, despidiendo vapor. Llegó la fuente del segundo plato, acompañada por otra de arroz. La primera contenía unos pallares bien cocidos, perfumados y humeantes. Sirvieron el vino.  Habían traído el tercer plato : un enorme asado que olía a comino, orégano y pimienta. Lo acompañaba una ensalada de verdísimas lechugas y unas pocas cebollas cocidas. El postre fue de huevos a la nieve. Al final sirvieron el té.

También hay buenas descripciones  del clima de Lima, donde la palabra plomizo vuelve con regularidad, también la palabra garúa, esa lluvia fina que no empapa pero que es desagradable. Página 9…el cielo era plomizo, la ciudad también. En verano emigraba todo el que podía hacia la costa. En invierno se usaban zapatones de jebe, paletós y a veces paraguas. Las lloviznas eran sin embargo leves. La ciudad tenía el cielo plomizo. El atuendo también. No el alma, leve, fisgona hipocritona e intrigante. Plomo y pluma, bostezo y arrumaco. Las nubes se desleían en el fondo incoloro del cielo. Los pianitos ambulantes amenizaban hasta el anochecer las calles somnolientas. Al anochecer, el aire se poblaba de pregones. Las puertas eran altas, sólidas. Detrás de las rejas las núbiles amantes ofrecían la mano, los labios y lo que se pudiera, a sus galanes empinados en el afán de traspasar las rejillas y vencer los enrejados y las virtudes no muy tercas de sus enamoradas. Laudable ejercicio de voluntad, imaginación y manos. La ciudad estaba bañada por un reflejo plomizo. Plomo, color nacional.(un descriptivo digno de un Balzac)

La Lima de entonces…era domingo. A las 10 de la mañana las calles parecían un bostezo. Las pulperías acababan de abrir perezosamente sus puertas. Repicaban sobre el empedrado los cascos del caballo de la lechera. Una chola gorda con tosco sombrero de Jipijapa, terciado el pañolón negro sobre el insultante pecho, pregonaba su mercancía. A cada lado de la montura pendía un gran porongo del que sacaba la leche con un vaso de latón de medio litro. Las sirvientas salían a la puerta y alcanzaban sus vasijas a la chola, que las llenaba según la medida que señalaba el parroquiano.

En aquella época las elecciones las dirigían los mayores contribuyentes : esto es, los más ricos. Ellos seleccionaban su aparato electoral. Sólo votaban los alfabetos, mayores de 21 años, es decir, menos del 10% de la población apta del Perú. Fuese como fuese, tal era la ley (pg. 51). Pero los que gobernaban, por ejemplo los civilistas, estaba bien porque eran los únicos que sabían gobernar, eran cultos, tenían relaciones y no necesitaban robar (pg 100).Digo yo, ¿acaso han cambiado las cosas? Caramba.

La novela termina con la vuelta del exilio de Leguía (un demagogo formidable, sic) y la proclamación de la Patria Nueva. Eso de la Patria Nueva esta muy bien. Estamos hartos de los señorones, de los cogotudos, de los civilistas.

Una lectura interesante y agradable.

LOS SEÑORES, Mosca Azul Editores 1983

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