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La symphonie du hasard de Douglas Kennedy

Résultat d’images pour douglas kennedyÉcrivain et journaliste américain (New York 1955), vrai globe-trotter et francophile: Dublin, Berlin, Londres, Paris, New York, etc. C’est un romancier à succès qui vend des millions d’exemplaires, dont 7 millions en France! L’attrait de ses romans réside dans leurs questionnements sur l’Amérique et ses défauts, sur l’humanité en général, sur les relations hommes/femmes, sur l’Art, bref, des topiques universels voire intéressants.

Il a souvent situé  ses romans dans des endroits  différents : par exemple Cet instant là à Berlin, un autre au Maroc; un peu à la manière de Woody Allen qui nous promène d’une ville européenne à une autre avec ses derniers films.

La symphonie du hasard (The Great Wide Open, Book 1) est le premier volet d’une trilogie annoncée dont les prochaines parutions sont pour mars et mai 2018, et ce AVANT même la publication en langue anglaise qui aura lieu fin 2018 seulement; voici un auteur à succès américain qui valorise (et domine parait-il) notre langue. Cette trilogie va donner un roman fleuve d’environ 1300 pages qui a nécessité 18 mois d’écriture intensive.

C’est une lecture aisée avec un roman bien construit qui narre l’histoire d’une famille américaine de classe moyenne dans les années 70. La narratrice est Alice Burns, la seule fille du ménage Burns qui est composé par le père, éternel absent, aux activités mystérieuses, psycho-rigide et irlandais catholique; la mère est d’origine juive, complètement hystérique et dépressive, en lutte permanente avec son mari et ayant de gros problèmes avec ses enfants. Les enfants sont au nombre de trois, l’ainé Peter qui prendra assez vite le large par rapport à cette famille déstabilisante; le cadet est Adam, beaucoup plus malléable, plus fragile, qui ne saura pas échapper aux griffes du père et qui est détenteur d’un secret qui l’accable; il deviendra un loup de la finance à Wall Street avec une chute vertigineuse; et puis notre héroïne et narratrice, Alice Burns.

Il est intéressant de constater que Douglas Kennedy s’est mis une nouvelle fois dans la peau d’une femme dans un roman, ce serait la huitième fois pour le romancier et je trouve que cela est assez bien réussi en superficie mais Alice manque de féminité sentimentale dans le récit. Aussi, ce personnage féminin a beaucoup de points communs avec Douglas, car si l’on regarde de près, elle est née à New York en 1955 comme lui, elle a grandi au sein d’une famille conflictuelle de 3 enfants comme lui; elle aurait un vécu scolaire tel que celui de l’écrivain; elle est un rat de bibliothèque comme lui le fût en son temps et last but not least, elle fréquente l’Université de Bowdoin comme Douglas Kennedy.

Douglas Kennedy se coule tellement bien dans cette peau féminine que, comme Flaubert, il se serait écrié « Alice c’est moi ».

Alice Burns est éditrice à New York et elle visite chaque semaine son frère Adam qui est en prison, c’est le début de ce premier tome où Alice va se remémorer son passé au sein de cette famille de dingues sur fond de seventies : la guerre du Viet Nam, la politique pourrie, les manifestations, les émeutes raciales, le hippisme, la compétivité permanente, la réussite à tout prix,  le début de l’emprise des drogues, le grégarisme, la musique, le Roi-baseball, la vie scolaire et universitaire parfois cruelle (un « campus novel » en partie ce tome 1). Il y a un sens poussé du détail dans ce roman concernant la nourriture, les vêtements, les lieux, etc.

J’ai beaucoup aimé ce descriptif foisonnant de détails variés qui, relativement au descriptif de la vie scolaire aux USA, m’ont rappelé tellement fort mon époque de lycéenne en Amérique.

Tous les personnages centraux de ce roman sont détestables. En commençant par les parents : le père est tout le temps absent, c’est un cachottier qui apparemment travaille pour la CIA au Chili; la mère est simplement insupportable, la vraie mamma juive qui se mêle de tout, agressive, définitivement castratrice. Les enfants sont perdus; l’aîné fuira la maison très tôt et il est « trop bien pensant », éloigné de sa fratrie; le cadet aura une adolescence difficile car il est taraudé par la culpabilité;  Alice aura beaucoup de mal à s’émanciper et partira faire des études universitaires à sa façon, avec beaucoup de succès et un vécu scolaire et universitaire très marquants.

Bonne lecture, très près d’une réalité encore assez proche. De toute évidence je suivrai la saga.

LA SYMPHONIE DU HASARD, Belfond 2017,  ISBN 978-2-7144-7403-2

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Los Señores de Luis Alberto Sánchez

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Luis Alberto Sánchez fue un gran personaje peruano multifacético ( Lima 1900-1994 ), conocido como  » el Patricio de la cultura nacional » : escritor, abogado, historiador, maestro,  periodista, crítico literario, tres veces Rector de la Universidad de San Marcos, político : Presidente del Senado, Vicepresidente de la República y Primer Ministro. Y lo que  lo hace más entrañable a mis ojos : gran lector. Su obra más destacada fue sobre Manuel González Prada, un ensayista, (pensador anarquista y poeta peruano ).

Don Luis Alberto Sánchez posee una vastísima bibliografía.

Comenté en este blog en marzo 2012 su interesante libro sobre Guatemala y su cultura La Tierra del Quetzal, un libro que me recomendaron en Guatemala.

Los Señores es el primer tomo de una trilogía con Los Burgueses y Los Redentores.

Don Luis Alberto tiene especiales dones de escritura : fuera de presentar hechos históricos verídicos, tiene una escritura muy amena y  divertida por momentos. Destaco especialmente lo bien que describe físicamente  sus personajes : no falta ni un detalle. Es también un excelente crítico social.

Este tomo pudo llamarse Los Señorones porque describe la Lima política de 1900, hasta poco después de la PGM. En aquella época los políticos eran todos de rancio abolengo, producto de las mejores familias peruanas que se pasaban el mando presidencial unos a otros y se conocían todos. Aún así las intrigas y los golpes de estado reales o fallidos, eran moneda corriente. Dice Don Luis Alberto que la Lima de estos señorones ocupaba un área de 8 Km cuadrados, poco más que un barrio contemporáneo y que la flor y nata de la villa eran unos 10 mil blancos de alto y mediano linaje, que reinaban sin corona, haciendo sentir su peso sobre otros 40 mil blancos más o menos claros, de linaje menos brillante y el resto de diverso color, olor y grosor…

De manera muy resumida, la historia del Perú a principios del siglo XX se conoce como la República Aristocrática u oligárquica (1895-1919) con 2 partidos políticos : el Demócrata o pierolista y el Civil o civilista. Conoceremos en el detalle la vida de los presidentes José Pardo y Augusto Leguía. Este último enfrentó un fallido golpe de Estado, promovido por Carlos de Piérola, hermano del ex presidente Nicolás de Piérola. Esta novela se extiende hasta el segundo gobierno de Leguía autodenominado Patria Nueva.

La parte política es la parte que menos me interesó del relato porque no soy ninguna experta en Historia del Perú, pero lo que si me interesó fue aprender como era la Lima de entonces, como vivía la gente en aquel tiempo, de qué se entretenía, qué se comía a diario en las casas, las horas de visita a la enamorada, las tertulias y  mil detalles cotidianos.

La descripción de un almuerzo en una casa de alcurnia…la mesa tenía capacidad para unas 16 personas. Trajeron una inmensa sopera. La madre de Carmen Rosa, con un enorme cucharón de plata sirvió la sopa color atomatado, con fideos gruesos, oliente a orégano, despidiendo vapor. Llegó la fuente del segundo plato, acompañada por otra de arroz. La primera contenía unos pallares bien cocidos, perfumados y humeantes. Sirvieron el vino.  Habían traído el tercer plato : un enorme asado que olía a comino, orégano y pimienta. Lo acompañaba una ensalada de verdísimas lechugas y unas pocas cebollas cocidas. El postre fue de huevos a la nieve. Al final sirvieron el té.

También hay buenas descripciones  del clima de Lima, donde la palabra plomizo vuelve con regularidad, también la palabra garúa, esa lluvia fina que no empapa pero que es desagradable. Página 9…el cielo era plomizo, la ciudad también. En verano emigraba todo el que podía hacia la costa. En invierno se usaban zapatones de jebe, paletós y a veces paraguas. Las lloviznas eran sin embargo leves. La ciudad tenía el cielo plomizo. El atuendo también. No el alma, leve, fisgona hipocritona e intrigante. Plomo y pluma, bostezo y arrumaco. Las nubes se desleían en el fondo incoloro del cielo. Los pianitos ambulantes amenizaban hasta el anochecer las calles somnolientas. Al anochecer, el aire se poblaba de pregones. Las puertas eran altas, sólidas. Detrás de las rejas las núbiles amantes ofrecían la mano, los labios y lo que se pudiera, a sus galanes empinados en el afán de traspasar las rejillas y vencer los enrejados y las virtudes no muy tercas de sus enamoradas. Laudable ejercicio de voluntad, imaginación y manos. La ciudad estaba bañada por un reflejo plomizo. Plomo, color nacional.(un descriptivo digno de un Balzac)

La Lima de entonces…era domingo. A las 10 de la mañana las calles parecían un bostezo. Las pulperías acababan de abrir perezosamente sus puertas. Repicaban sobre el empedrado los cascos del caballo de la lechera. Una chola gorda con tosco sombrero de Jipijapa, terciado el pañolón negro sobre el insultante pecho, pregonaba su mercancía. A cada lado de la montura pendía un gran porongo del que sacaba la leche con un vaso de latón de medio litro. Las sirvientas salían a la puerta y alcanzaban sus vasijas a la chola, que las llenaba según la medida que señalaba el parroquiano.

En aquella época las elecciones las dirigían los mayores contribuyentes : esto es, los más ricos. Ellos seleccionaban su aparato electoral. Sólo votaban los alfabetos, mayores de 21 años, es decir, menos del 10% de la población apta del Perú. Fuese como fuese, tal era la ley (pg. 51). Pero los que gobernaban, por ejemplo los civilistas, estaba bien porque eran los únicos que sabían gobernar, eran cultos, tenían relaciones y no necesitaban robar (pg 100).Digo yo, ¿acaso han cambiado las cosas? Caramba.

La novela termina con la vuelta del exilio de Leguía (un demagogo formidable, sic) y la proclamación de la Patria Nueva. Eso de la Patria Nueva esta muy bien. Estamos hartos de los señorones, de los cogotudos, de los civilistas.

Una lectura interesante y agradable.

LOS SEÑORES, Mosca Azul Editores 1983