La gran novela latinoamericana de Carlos Fuentes

Carlos Fuentes Macías nació en Panamá en 1928 y acaba de fallecer, a los 84 años, el 15 de mayo de este año en Ciudad de México de una hemorragia digestiva. Fué hijo de diplomático y vivió su infancia en distintas partes de Latinoamérica . Estudió Derecho y Economía ; fue Embajador de México en Paris entre 1975-77.

Es un gran literato mexicano e hispanoamericano, Miembro de la Academia mexicana de la Lengua desde 2001. Deja una obra vasta , recibió innumerables premios, excepto el Nobel.

De él había leído solamente  Los años con Laura Díaz de 1999 que me sedujo completamente. Tengo pendiente leerle Terra Nostra, una novela total.

Los años con Laura Díaz es otra novela total, compleja, excelente, donde Fuentes nos despliega un mural a la Diego Rivera, un siglo de historia mexicana ( 1868 – 1968) a través de los ojos de esta mujer, Laura Díaz, descendiente de alemanes emigrados a fines del siglo XIX, entre su niñez catemateca, sus amores desiguales y sus tres Santiagos : el hermano idealizado, el hijo sacrificado y el nieto redimido. Es una reflexión profunda y enriquecedora sobre la  idiosincracia mexicana. Con el fin de alcanzar la novela total, Fuentes integra en el relato las figuras históricas de Marx, Lasalle, Frida Kahlo y otros así como también escenas próximas al realismo mágico.

La gran novela latinoamericana es un monumento y es  difícil pretender presentar una reseña porque todo es imprescindible e importante y así como Carlos Fuentes hizo su propia selección de los temas presentados, yo haré una selección arbitaria y por ende, personal de mis comentarios. Aquí Fuentes rebalsa de un mero análisis literario, para darnos una visión horizontal y vertical de la literatura y de la historia latinoamericanas con respecto al resto  del mundo occidental.

Como introducción, Fuentes nos plantea que América no fue descubierta: fue inventada, inventada porque necesitada.Todo descubrimiento es un deseo, y todo deseo, una necesidad. Inventamos lo que descubrimos; descubrimos lo que imaginamos. Nuestra recompensa es el asombro. En su libro La invención de América, Edmundo O’Gorman ( México) habla de un hombre europeo que era prisionero de su mundo y la naturaleza del Nuevo Mundo confirma el hambre de espacio del Viejo Mundo. La cárcel medieval estaba fabricada con las piedras del geocentrismo y la escolástica, dos visiones jerárquicas de un universo arquetípico, perfecto, incambiable aunque finito, porque era el lugar de la Caída. Perdidas las estructuras estables del orden medieval, el hombre europeo se siente disminuido y desplazado de su antigua posición central. Ambas conmociones se resuelven en el deseo de ensanchar los dominios de la tierra y del hombre: se desea al Nuevo Mundo, se inventa al Nuevo mundo, se descubre al Nuevo Mundo, se le nombra.

En el Renacimiento, que es una de las claves profundas de gestación de la novela iberoamericana, se afirmó una libertad para actuar con la filosofía política de Maquiavelo, con la Utopía de Tomás Moro y con la sonrisa de Erasmo de Rotterdam, éste último influyendo en España y sobre Cervantes, cuyas figuras, Quijote y Sancho, representan las dos maneras del erasmismo: creer y dudar, universalizar y particularizar; la ilusión de las apariencias, la dualidad de toda verdad y el elogio de toda locura.( Será el gran antecedente de la obra de Julio Cortázar). Erasmo fue introducido a la cultura de las Américas por hombres como Diego Méndez de Segura, el principal escribano de la expedición de Cristóbal Colón, quien al morir en Santo Domingo en 1536, dejó a sus hijos diez libros, cinco de ellos escritos por Erasmo. Erasmo importaba tanto, que hasta podemos decir que su espíritu de la ironía, del pluralismo y del relativismo, ha sobrevivido como uno de los valores más exigentes de la civilización iberoamericana. El fundador de Buenos Aires, Pedro de Mendoza leía a Erasmo en 1538, es obvio que en la misma ciudad Julio Cortázar lo leía cuatro siglos después.

Los hijos de Erasmo se convierten , en España y en la América española, en los hijos de La Mancha, los hijos de un mundo sincrético, barroco, corrupto, animados por el deseo de manchar con tal de ser, de contagiar con tal de asimilar, de multiplicar las apariencias y las realidades, de duplicar las verdades e impedir que se instale un mundo ortodoxo, de la fe o de la razón, o un mundo puro, excluyente de la variedad cultural o nacional. Las armas de la ironía, el humor y la imaginación fueron, son y serán las del erasmismo en el contrapunto al mundo mítico, épico y utópico de la tradición hispanoamericana.

La novela moderna nace cuando Don Quijote sale de su aldea al mundo y choca con el mundo porque en las lecturas de su aldea todo se asemeja y en la anchura de los caminos  del mundo nada se parece. En la metáfora, el lenguaje y la realidad pierden su carácter incompleto o fragmentario y se convierten no sólo en lenguaje y realidad en cuanto tales, sino también en todo lo que evocan o provocan. En la metáfora el mundo de la realidad inmediata, sin dejar de serlo, puede convertirse en el mundo de la imaginación.

El primer novelista en iberoamérica fue Bernal Díaz del Castillo quien, en Guatemala y olvidado de todos,  escribió, ciego y a los 84 años,  sucesos realmente acaecidos entre 1519 y 1521 ; su novela, cargada de rumores, de silencios, de vacilaciones y de ambigüedades humanizan la certeza épica de la conquista imperial del mundo indígena por los españoles. Bernal nos brinda una épica enamorada de su utopía, de su edad dorada, de su edén perdido, pero ahora destruído por el hierro y las botas de la épica misma. La conquista de la América española fue un gigantesco atropello, un fusilico descomunal. Un enorme vacío hispanoamericano se abre entre la promesa utópica y la realidad épica; este vacío ha sido llenado de muchos modos: a través del barroco, un arte diseñado para llenar vacíos lo que en Latinoamérica se convierte en un ingrediente esencial de lo que el cubano José Lizama Lima llamó la contra-conquista: una absorción de las culturas europeas y africanas y el mantenimiento de las culturas indígenas que, encontradas y mezcladas, crean la cultura latinoamericana o la cultura indo-afro-iberoamericana.

En el siglo XX, Fuentes reconoce un inmenso espacio a la literatura argentina, lo que me parece justo. Dando a Borges el honor insigne de haber abolido las barreras de la comunicación entre las literaturas permitiendo ir hacia adelante con un sentimiento de poseer más de lo que se había escrito, es decir, todo lo que se había leído, de Homero a Milton y Joyce. La ficción argentina es, en su conjunto, la más rica de Hispanoamérica. No olvidemos que Borges fue quien abrió las ventanas cerradas en las recámaras del realismo plano para mostrarnos un ancho horizonte de figuras probables. Éste es uno de sus regalos a la literatura hispanoamericana; Borges le otorgó el lugar protagónico al espejo y al laberinto, al jardín y al libro, a los tiempos y a los espacios.

El Boom latinoamericano  abarca las generaciones que publicaron entre mediados de los 50 y mediados de los 70. Las novelas del Boom dejaron atrás dualismos como nacionalismo o cosmopolitismo, realismo o fantasía, compromiso o formalismo. La novela del Boom recuperó la amplitud de la tradición literaria; le dio a la novela rango no sólo de reflejo de la realidad, sino de creadora de más realidad; amplió los recursos técnicos de la narrativa latinoamericana, radicó sus efectos sociales en los dominios del lenguaje y la imaginación y alentó una extraordinaria individualización de la escritura, amplió espectacularmente el mercado de la lectura en América Latina e internacionalizó la literatura escrita desde México y el Caribe hasta Chile y Argentina. Mario Vargas Llosa llamó a José Donoso el más literario de los autores del boom latinoamericano de la novela. En Donoso, nada es lo que parece ser. Todo está a punto de ser otra cosa: todo ello sirve a Donoso para escenificar una revuelta escrita bajo los signos gemelos de la destrucción y de la recreación, instables ambos, pasajeros como en la gran poesía barroca de nuestra lengua; de Donoso se puede decir lo que dijo TS Elliot a propósito de James Joyce: « Usted ha aumentado enormemente las dificultades de ser novelista ». Por estos motivos Donoso se dio el lujo de cambiar una y otra vez de géneros y estilos de la narración. El autor nos está diciendo que al lector hay que pedirle que lea la novela como fue escrita, pero hay que aprender a escribirla cómo será escrita por el lector. Éste es el giro que coloca a Donoso dentro de la tradición de Cervantes. Con razón decía Luis Buñuel que Donoso era el maestro de una irracionalidad natural e inexplicable, muy cercana al surrealismo.

La amplitud de la obra de Donoso, es decir, la calidad de su obra y la capacidad magisterial de enseñanaza en sus talleres literarios, ha dado lugar a una gran generación de novelistas chilenos : Diamela Eltit, Marcela Serrano, Arturo Fontaine, Carlos Franz, Alberto Fuguet, Sergio Missana, Luis Sepúlveda, Isabel Allende.

La novela del Boom recuperó a Borges, Carpentier, Onetti, Rulfo, Neruda, Mistral , Huidobro, Lezama Lima, Vallejo y otros. Al Boom sucedió una nueva novela llamada el búmerang por Carlos Fuentes y que se ha beneficiado de  las libertades formales y de la individuación del boom : Luisa Valenzuela, Cesar Aira, Matilde Sánchez, Martín Caparrós  en Argentina ( entre muchos otros), Ángeles Mastretta, Juan Villoro, Gonzalo Celorio en México. Los chilenos Franz y Fontaine.

En cuanto a México, hubo una gran explosión creativa, pero una vez que la Revolución de 1910 se bajó del caballo, apareció un chovinismo negativo. El que lee a Proust, se proustituye , se solía decir. El que no se ocupa exclusivamente de México es un traidor. La novela mexicana se libera con las obras de Yáñez y Rulfo, corona de sol y sangre del México rural y revolucionario y se abre a la vida urbana moderna con Sergio Pitol y Fernando del Paso, se libera con el lenguaje en Gustavo Sainz y José Agustín, recupera la voz « sorjuanista » con una pléyade de mujeres : Margo Glantz, Elena Poniatowska, Ángeles Mastretta, María Luisa Puga. Luego,  se dio la generación del crack que es la primera  generación que se da un nombre propio después del boom y que abarca 6 novelistas : Jorge Volpi, Ignacio Padilla, Pedro Ángel Palou, Eloy Urroz, Cristina Rivera Garza y Xavier Velasco. El crack a su manera , es un « agarroncito », como lo es todo movimiento de renovación y si el grupo hubiese publicado , digamos en 1932, hubiesen sido linchados en plaza pública por afrancesados, cosmopolitas, malinchistas, tránsfugos de la realidad y enemigos de la revolución.

Para terminar, les cito la última frase del libro, que me parece exquisita : De allí la fuerza, de allí la molestia, de allí el goce que se llama novela.

LA GRAN NOVELA LATINOAMERICANA, Alfaguara 2011,  ISBN 978-84-204-0764-7

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