Sefarad de Antonio Muñoz Molina

 

Le grand écrivain Antonio Muñoz Molina primé à JérusalemAntonio Muñoz Molina es un escritor y académico español (Úbeda 1956), miembro de la RAE desde 1995. Ha sido galardonado con numerosos premios y posee una vasta y variopinta bibliografía. Le he leído muchos libros y publicado en este blog dos billetes : sobre Plenilunio en enero 2012 y sobre El atrevimiento de mirar en julio 2013, obras muy diferentes entre ellas porque el hombre es polifacético.

Sefarad (2001) es un grueso libraco definido desde el título como una novela de novelas de casi 600 páginas y con 17 capítulos, interesante por su contenido;  libro bien escrito y original en su concepción aunque difícil de digerir, me explicaré sobre esto. Esta obra monumental y ciertamente meritoria, le valió el Premio Jerusalén 2013 , premio literario bienal concedido a escritores que han luchado por la libertad en el contexto de la sociedad actual (es el segundo español galardonado después de Jorge Semprún en 1997 y es con emoción que he leído este libro donado a la Biblioteca Cervantes de Paris por el mismísimo Jorge Semprún, quien, por razones obvias, lo tuvo un día en sus manos).

El capítulo 13 (Eres) ofrece una de la claves interpretativas de esta novela o « las novelas que cada uno lleva consigo« , según Muñoz Molina. Una constante en la obra de AMM es la reflexión en torno al desarraigo espacial y temporal y según él, el punto de partida de este libro fue el descubrimiento de una casa de Úbeda (su terruño) en Madrid y otra de Motril en Granada.

Sefarad es un topónimo que en hebreo se identifica con España y con Portugal (=judío de España o de Portugal en la Edad Media) y que se ha hecho en lenguaje corriente una palabra para designar a un ente perseguido. Sefarad es una metáfora de la nostalgia y para AMM Sefarad es la enciclopedia de todos los exilios posibles.

Al final de la novela el escritor se explica sobre la génesis del libro. Fueron lecturas donde cruzó nombres de personajes o épocas de persecución que lo marcaron y chocaron y quiso indagar mejor sobre ellos, plasmando sobre el papel estas vidas, casi todas trágicas para sacarlas del olvido y rendirles un nuevo homenaje : Franz Kafka, su amante Milena Jesenska, Willi Münzenberg, Margarete Buber-Neumann, Evgenia Ginzburg, Jean Améry, Primo Levi, etc. En los 17 capítulos Muñoz Molina desarrolla temas que lo fascinaron como la memoria y la imaginación, la historia del mundo y lo trágico de ciertas existencias.Y la originalidad del libro, para mi, reside en la mezcla permanente de estas historias con la vida privada del escritor Muñoz Molina (novela con rasgos autobiográficos) a través de viajes, de lecturas,  de encuentros o haciendo trabajar su fértil imaginación a partir de un detalle o un recuerdo. Sobre su vida privada, el escritor es muy elíptico y secreto, dando pocos datos pero al parecer, haciendo a menudo alusión a su pareja sin jamás entrar en detalles íntimos.La forma literaria abarca varios géneros : autobiografía, ensayo, biografía, Historia, mera ficción, reflexión histórica e indagación metaliteraria. Con una multiplicidad de narradores.

Globalmente me resultó una lectura difícil aunque interesante, por momentos engorrosa y caótica, con muchos soliloquios y de vez en cuando unas preciosas proclamas floridas de poeta en prosa, aunque también una lectura difícil de olvidar y que deja huellas.

El libro es un tejido de 17 capítulos que evocan la memoria de judíos perseguidos a través del tiempo; son historias a veces muy diferentes, pero el eje central es siempre una persecución. La obra necesitó un año y medio de redacción, pero implica casi la mitad de la vida del escritor en documentación permanente, casi sin saberlo. Los 17 capítulos se reparten de manera simétrica entre la autobiografía (1,5,8,11,14,16 y 17) y la narración de vidas ajenas leídas, oídas o conocidas de manera azarosa o investigadas (2,3,4,6,7,9,10,12,13 y 15). El hilo conductor del libro es el exilio.

Al inicio el escritor recuperó dos historias con este libro : la historia del viaje en tren que hizo una danesa de origen francés y sefardí por la Francia liberada de 1944 ( la poderosa imagen de sugestión literaria y cinematográfica del viaje en tren…vista desde la ventanilla del tren o del autobús, el color rojo de la tierra en las orillas del río Guadalimar, y luego las primeras casas, las luces aisladas en las esquinas, cuando llegábamos de noche, la sensación de haber llegado ya y la impaciencia de no haber llegado todavía, la dulzura de todos los días que aún nos quedaban por delante…(página 16) y la historia del señor Salama, un sefardí que se salvó de los campos de exterminio.

Existe un trabajo excelente sobre este libro por Esther Navío Castellano intitulado Los múltiples rostros del exilio donde el tema es analizado in extenso y que cito aquí con párrafos relevantes para mi lectura…En Sefarad la ruptura de la normalidad de un personaje se debe a un acontecimiento abrupto que divide el tiempo en antes y después : leyes raciales, un viaje, una definición, una ejecución, un diagnóstico médico. Hay varios tipos de exilios expuestos en la novela :  1)  el exilio por razones políticas en un contexto amenazador (los judíos del III Reich o del tiempo de Isabel la Católica), los comunistas perseguidos por la represión estaliniana, el exilio republicano español de 1936;   2)  el exilio de lo cercano porque es posible sentirse exiliado cambiando de provincia dentro del mismo país o de barrio en la misma ciudad o ser expulsado de su propio cuarto;   3)  el exilio de la salud donde se toma conciencia de la fragilidad de la vida;   4)  un exilio inmóvil invocado en el capítulo intitulado Sefarad...así vivía en un exilio inmóvil, en una lejanía que casi nunca se aliviaba y que sin embargo era tan falsa como una perspectiva de campo abierto pintada en un muro…Y en el capítulo Dime tu nombre la inmovilidad, la espera, el desdén hacia lo cotidiano y la reclusión en un mundo paralelo exclusivamente hecho de ficción son las coordenadas de Juan, el oscuro e insignificante oficinista que vive inmerso en el mundo variopinto de sus lecturas (aquí la lectura como poderoso motor de evasión);   5)  un exilio temporal;   6)  un exilio íntimo. 

El viaje como entidad es muy importante en el relato y adquiere múltiples connotaciones significativas. De ahí que en el capítulo 2 intitulado Copenhague se cite a Pérez Galdós… doquiera que el hombre va lleva consigo su novela...una clara analogía entre novela, viaje y vida (in Fortunata y Jacinta de 1887)… A veces, en el curso de un viaje, se escuchan y se cuentan historias de viajes. Parece que al partir el recuerdo de viajes anteriores se vuelve más vivo, y también que uno escucha y agradece más las historias que le cuentan, paréntesis de valiosas palabras en el interior del otro paréntesis temporal del viaje. Quien viaja puede permanecer en un silencio que será misterioso para los desconocidos que se fijen en él o ceder sin peligro a la tentación de conversar y de volverse embustero, de mejorar un episodio de su vida al contárselo a alguien a quien no verá nunca más. No creo que sea verdad eso que dicen, que al viajar uno pueda convertirse en otro: lo que sucede es que uno se aligera de si mismo, de sus obligaciones y de su pasado,  igual que reduce todo lo que posee a las pocas cosas necesarias para su equipaje. La parte más onerosa de nuestra identidad se sostiene sobre lo que los demás saben o piensan de nosotros. Nos miran y sabemos que saben, y en silencio nos fuerzan a ser lo que esperan que seamos, a actuar en cumplimiento de ciertos hábitos que nuestros actos anteriores han establecido, o de sospechas que nosotros no tenemos conciencia de haber despertado. Nos miran y no sabemos a quién pueden estar viendo en nosotros, qué inventan o deciden que somos...(página 39)

Este libro es un tejido de relatos de difícil acceso con la voz desasosegada del narrador que se siente cercano al autor y se transforma en historia personal.

Al final de la obra, Antonio Muñoz Molina nos habla con emoción del cuadro de Velázquez Retrato de niña ejecutado hacia 1640 y que ilustra muy bien los rasgos sefardíes en esta preciosa niñita que el genial pintor debió cruzar. El cuadro llegó a los EEUU hacia 1900, comprado por un multimillonario norteamericano apasionado por lo ibérico. En cuanto a AMM, su vista cruzó este cuadro en Nueva York, visitando un abandonado museo que nadie visita (Hispanic Society of America), pero donde la niña en medio de la penumbra espera la pasada de alguien que la mire, alguien que advierta o reconozca en sus ojos oscuros la melancolía de un largo destierro.

Portrait of a Little Girl - Velazquez Diego

 

SEFARAD, Alfaguara 2001,  ISBN  84-204-4256-9

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