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El balcón en invierno de Luis Landero

Résultat de recherche d'images pour "luis landero el balcon en invierno" Luis Landero es un novelista español (Albuquerque 1948) lanzado a la fama con su primera novela Juegos de la edad tardía (1989) que le valió el Premio de la Crítica y el Premio Nacional de Literatura en 1990.

No le pude leer esa novela, la abandoné porque no le encontré ningún interés.

El balcón en invierno (2014) me  gustó y mucho. El libro ha sido reconocido con el Premio Dulce Chacón de Narrativa española 2015 y como libro del año por el Gremio de Libreros de Madrid. Es un libro de 18 relatos autobiográficos que hablan sobre todo de la infancia y de la adolescencia del autor en un pueblo extremeño de recios campesinos allá por los años 50-60, un pueblo tan olvidado de Dios que ni la guerra conocieron de cerca.

Encontré muy agradable que los relatos no vengan en orden cronológico, sino en función de los recuerdos del autor tal como funciona nuestra memoria, de manera desordenada.

Poco a poco sabremos cosas sobre Luis Landero, sus padres y sus hermanas, sus familiares en aquel pueblo rural extremeño con ese nombre tan feo de Valdeborrachos . En esa casa había solo un libro y era Los mártires del amor de León Montenegro (1918) en tres tomos, pero sólo tenían uno y sabremos como le nació de la nada misma la vocación hacia la literatura. Era una gente civilizada aunque analfabeta y sabía hablar muy bien el castellano.

En este libro de relatos se capta extraordinariamente bien esta idea tan española de pertenecer a un pueblo, a un terruño bien determinado del cual el ente se tuvo que arrancar para emigrar a algún sitio, aunque sea al pueblo de al lado.

Los padres decidieron emigrar a Madrid donde compraron un piso y donde vivían llenos de gente de pasada porque eran hospitalarios y su casa era la casa de todos los que salían del pueblo. Pero no fue un exilio desgarrador, sino todo lo contrario fue alegre y liberador porque escapaban a la vida austera del campo. El padre fue un loser, un soñador fallecido tempranamente y que lo marcó con fuego para que se hiciera un « hombre de provecho », si posible un abogado; la madre trabajaba en casa con costuras y labores haciéndose ayudar por las hermanas; el escritor Landero trabajó en oficios variopintos hasta que tuvo un excelente profesor de castellano que supo guiarlo con sus lecturas.

La búsqueda de la inspiración está también muy bien descripta con todos esos rituales más o menos maniáticos que son necesarios para encontrar el grado de concentración apto a la escritura. Es bastante pesimista el escritor Landero con respecto a los libros y a los lectores; él piensa que « no es que la novela va a desaparecer, como tampoco desaparecerán el sueño o el recuerdo, que son las formas más divulgadas de narración, pero cada vez habrá menos lectores, y luego menos, y así poquito a poco hasta que se vean convertidos en una especie de secta, como los cristianos de las catacumbas ».

Hay personajes en el libro muy interesantes, como el de la abuela Francisca que era analfabeta, pero era una narradora fascinante, o como la del primo Paco que se casó con una de sus hermanas, un hombre lleno de vitalidad y de ideas osadas, como la del tío Ignacio, otro contador excelente que nunca terminaba sus historias porque al rato de ponerse a hablar se paraba, entre impaciente y descorazonado, y decía : Bah, para qué voy a contar nada si vosotros no lo vais a entender, y ahí concluía la historia…Dice Landero que todo ese mundo de fantasía y de palabras malabares fue a poblar su infancia. Aquellos dichos y relatos fueron los libros que no tuvo.

El campo extremeño está descripto de manera maravillosa, quizá algo idealizado y algo que ya no existe, algo que se fue con la desertificación de las zonas rurales. Por ejemplo este párrafo cuando está lloviendo sobre el campo : « era una lluvia mansa y otoñal y yo veía las gotas engordar y desprenderse una a una de las hojas empapadas de la acacia, y cada vez que la hoja se liberaba del peso de una gota, daba hacia arriba un pequeño respingo y otra vez a empezar, y en eso me pasé casi toda la tarde, en oír llover y en ver las gotas que se formaban y caían. Por un momento se me vinieron a la memoria los días de lluvia de mi infancia, cuando toda la familia se quedaba callada, sobrecogida por aquel misterioso acontecer que era la lluvia cayendo y sonando sobre el campo. Y como también los animales se quedaban callados, extáticos, ante ese acto primordial de la naturaleza, en todo el campo se hacía un gran silencio y una gran soledad, y cualquier ruido, por pequeño que fuese, una tos, un suspiro, el crujir de una silla, sonaba atronador e irreverente »...[como estas frases nos traen a la memoria esa noción de la inmovilidad del tiempo de antaño, cuando teníamos toda la vida por delante y ese tiempo que se colaba taaaaan lento].

Un libro lleno de ternura y de nostalgia escrito en una prosa perfecta.

EL BALCÓN EN INVIERNO, TusQuets 2014,  ISBN 978-84-8383-929-4

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