Eloy de Carlos Droguett

Descubre a nuestros autores | Malpaso Ediciones Carlos Droguett fue un novelista y cuentista chileno (Santiago 1920-Suiza 1996); hace parte de la Generación Literaria de 1938, una generación que ponía en vitrina los conflictos sociales. El escritor fue un personaje alejado de los círculos literarios y su fama internacional llegó tras la publicación de Eloy en Argentina en 1960. Recibió el Premio Nacional de Literatura en 1970 por su renovadora técnica narrativa  (haría estallar la estructura del relato convencional, dijo un día Mauricio Electorat, otro escritor chileno).

La novela Eloy se inspira de un suceso real de 1941 donde Eloy Hernández Astudillo, alias el Ñato Eloy, un bandolero asesino y campesino, asoló la zona central de Chile con por lo menos 20 muertes.

En 1969 se rodó en Argentina una película basada en el libro bajo la dirección de Humberto Ríos y con Raul Parini en el rol estelar. Se puede ver en blanco y negro  integralmente en Youtube (90 min): es una buena opción para quien no quiera comprometerse con la lectura. Los flash backs de la memoria están muy bien logrados y se entiende mejor el texto al cual le faltaría la poesía que brota con la lectura, con la riqueza del léxico. Al final de la película Eloy sabe que el amanecer será su fin y dice…la violencia es mi única venganza frente a los poderosos y a la injusticia. Yo no escogí mi destino.

La película aquí abajo:

Eloy (1959) relata las últimas 12 horas del bandolero, acosado y cercado por la policía en un estilo narrativo polifónico, entre la consciencia del forajido quien con un diálogo interior incesante cuenta sus cuitas ayudándose de la memoria ; tenemos dos temas : el acoso y la memoria pasada del asesino. Es una obra transgresora, singular y desconcertante.

Esta ha sido, y de lejos, la lectura más difícil últimamente; debí recomenzar páginas enteras por haber perdido el hilo aunque no es el relato lo importante sino la semi modorra que resulta de esta prosa tan singular. Hay una gran riqueza lexical con sinónimos y metáforas, por lo que resulta, in fine, una lectura ardua pero interesante. No hay párrafos, no hay diálogos y pocas comas o puntos seguidos: hay solo 14 puntos aparte en 200 páginas. Hay una sola frase que quisiera abarcar todo lo que no permite distanciar a los narradores con sus modos temporales y espaciales, entonces las acciones se confunden.

En mayo del 2018 Marcelo Mercado y Bernardo Cienfuegos (cf La república de las Letras) explicaban que fue en su tiempo una obra mal recibida porque rompió el canon literario de la época, en un momento en que dominaba el realismo con novelas bien estructuradas. Y con Eloy, Droguett muestra una novela con un montaje literario que existía solo en el cine con saltos entre el narrador omnisciente y otro objetivo.

Eloy soy yo,  dijo un día Carlos Droguett, a la par que Flaubert con su Madame Bovary.

Tenemos en el texto las técnicas llamadas corriente o flujo de la consciencia, o sea, asistimos directamente a la actividad mental del personaje con un relato que resulta totalmente caótico a la lectura. Droguett reconoció tener una influencia de la prosa poética sobre la suya, esa prosa hispanoamericana que se nutrió de los logros de la vanguardia poética de literatos como de Rokha, Borges, Rulfo, Lezama, etc donde aprendió el modo oblicuo de integrar la realidad al cuerpo discursivo. El escritor utiliza el estilo indirecto libre por momentos.

Este modo narrativo o flujo de consciencia lo encontramos también en obras como La muerte de Artemio Cruz de Carlos Fuentes, La última niebla de María Luisa Bombal, A la recherche du temps perdu de Marcel Proust, Martereau de Nathalie Sarraute, Ulyses de James Joyce, Mrs Dolloway de Virginia Woolf, etc.

La temática básica de Eloy es la violencia y la soledad con un corolario, el silencio (la escritura es metafórica, metonímica).

La prosa, la riqueza lexical de Droguett son de una inmensa calidad, a la cual se añade la originalidad y la dificultad de lectura de este caos narrativo.

En un coloquio internacional en 1981 llevado por el Profesor Alain Sicard (experto en asuntos latinoamericanos) y con la valiosa presencia de Droguett, se dijo que la escritura droguettiana (su innovación le valió nada menos que un epíteto para la posteridad) es un serio compromiso humano y social, un universo violento donde la muerte está constantemente presente. La catedrática francesa Soledad Bianchi resaltó que las novelas de Droguett expresan el grito, la protesta, la palabra de personajes marginados de la sociedad porque molestan, porque hablan de las injusticias, de  la pobreza, del dolor, del sufrimiento, de la diferencia. Otra académica francesa, Maryse Renaud señaló que la obra de Carlos Droguett no puede dejar indiferente, irrita a veces, pero siempre depara sorpresas y seduce.

Si, una lectura muy difícil, pero un embrujo con la prosa. Me produjo el mismo ensimismamiento o modorra que la prosa densa y bella de Proust (pero la de Proust es más estética),  donde la mente erra por los limbos de un predicado envolvente, entre lírico y metafísico. El corolario de este tipo de lectura es la duración porque hay que releer a veces la página entera para reconectarse con el relato. En todo caso, la escritura de Droguett es muy, pero muy particular. No se la había leído a nadie de esta manera. Y curiosamente, leyendo una entrevista póstuma del escritor, encontré que su manera de hablar era muy similar a su prosa, con repeticiones, metáforas y otras aliteraciones (cf Leo Wetli en 1996 para Punto Final ).

En el prólogo de este libro, por el Profesor Alain Sicard (Investigaciones Latinoamericanas de Poitiers) se lee que la soledad es lo que produce a los personajes de Droguett y que produce, por ende, el texto. Y que con palabras la soledad droguettiana es un espacio textual y la noche de Eloy, una noche de palabras. Y que el verdadero protagonista de la novela es el lenguaje, y en ello estoy muy de acuerdo con la frase que se alarga, que se desborda como si quisiera con una sola e inmensa palabra colmar tanta soledad, tanto abismo (...soy el abismo, cualquier abismo decía Droguett).

El bandido Eloy se sabe acosado, sabe que morirá en la redada y se juzga a si mismo…soy un bandido, se sonreía a veces para si, tratando de comprender y abarcar su destino, un bandido sin alma y sin entrañas, un salteador infame que rompe puertas, ventanas, gente, alguna gente, he muerto a muchos que ya no me acuerdo y mataré a muchos más todavía que no sé por dónde andan ni lo que hacen, ni lo que me van a hacer, ni los que les voy a hacer, soy malo empedernido, repugnante y sanguinario, cada vez más cruel, cada día y hora más perdido y hundido en la sangre, dicen los diarios, la radio, el vecindario…

Es un bandido cruel con las mujeres, no les tiene respeto…no, no podré venir a verla  el sábado sin pegarle, hay que darles tupido, con motivo y sin motivo, a las mujeres y a las hembras, para amoldarlas a tu carácter y tu pensamiento, meterlas bien adentro en tu vida y que encajen en tus manos y en el movimiento de tus manos (página 147); …la mujer es el pan y el agua, la mujer es una enfermedad incurable, una enfermedad social muy propagada (página 162); …carne y vino son las mujeres, ellas son la vida, la única vida, la inmensa vida, el inmenso amor lleno de gente llorando o riendo, cuando las matas o las dejas, matas la vida, la calle, la ventana, se muere la vida con ellas, ellas la tejen y destejen, distribuyen, reparten, adornan, pintan, tergiversan, la tapan con lágrimas o con sangre, la hacen terrible y digna y la prolongan aunque la corten (página 163).

Página 43, un ejemplo de la prosa de Droguett…no hay flor más mujer que la violeta, enferma, delicada, frágil, transparente de lágrimas, trémula y trágica, presente y ausente, real e irreal, ni más hembra, directa, sensual de repente y sin aviso, ardiente y carnal, llameando y llamando, que la rosa real de la vida, sólo real, la mujer es lo que piensas. se había sentido sentenciado, inseguro y fatalizado y era nada más porque estuvo inmovilizado e inmóvil, solo en la pieza, solo sin nadie, perfectamente solo, vacío y vago, a merced de los recuerdos, para que te picoteen, te escarben, te tricen, con el remordimiento y el anzuelo del viejito lacrimoso y teatral y la mujer resplandeciendo y ardiendo para nada,  para ninguna aventura y desventura con esos ojos enormes de balde que le quería mostrar y ofertar, para que adivinara todas sus dolorosas e inconsolables caídas y recaídas en ellos...(Un ejemplo de prosa que usa un adjetivo y su contrario, la repetición iterativa para trepanarnos la síquis con el discurso).

Otro ejemplo página 81…porque las palabras existen con seguridad, te lo juro, mi amor querido, nada más  para eso, para irte por ellas y sacártelas usadas y manchadas para siempre  de los desmayos, sopores, suspiros, taras, olvidos, fallas y desilusiones, que todo el tiempo sin falta, todas las horas contadas del día y de la noche…

Realmente una lectura desconcertante, a ninguna otra comparable y que necesita madurez y concentración para asimilarla. Me dejó KO con el corazón encogido de estupor. La película también me conmovió.

Eloy

El afiche de la película de Humberto Ríos (1969).

ELOY, Editorial Universitaria 1994 ((CD 1959),  ISBN956-11-1010-5

 

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