Ella cantaba boleros de Guillermo Cabrera Infante

Afficher l'image d'origineGuillermo Cabrera Infante fue un escritor, periodista y crítico de cine cubano (Gibara, Cuba 1929-Londres 2005); abandonó sus estudios de Medicina para ingresar a la carrera de Periodismo en La Habana. Fue consagrado con el Premio Cervantes en 1997. Durante el primer gobierno de Castro, desempeñó un cargo diplomático en Bruselas, pero sus opiniones divergentes le valieron el exilio en 1965. Se radicará en Londres donde pidió asilo político, tomando la nacionalidad británica en 1979.

Su obra es catalogada como un « collage » de La Habana del dictador Batista, cuando esta Habana era prerrevolucionaria. Su obra rezuma erotismo por todas sus líneas, es un erotismo bastante paródico. El cine está omnipresente, y en su cursus destaca el hecho que fue guionista en Hollywood, fue el primer guionista latinoamericano. Ejerció también como profesor y conferenciante en universidades de Virginia, West Virginia y Oklahoma.

Su estilo es único, está lleno de retruécanos (figuras literarias que cambian el sentido o significado de la frase inicial u original), de paronomasias (palabras con sonidos similares, pero de significado totalmente distinto), de agudezas, del uso del hipérbaton(alteración del orden lógico de las palabras en una frase), de traslaciones idiomáticas que tratan de imitar el ritmo sincopado del jazz, de un sentido del humor devastador que tiende a provocar la carcajada limpia y (the last but not the least), una cultura extraordinaria que se reconoce en la intertextualidad de sus textos y en mil detalles más.

El crítico Enrico Mario Santí declaró que Cabrera Infante encarna como ningún otro escritor, el estilo literario de la nación cubana con el « choteo » habanero que refleja su modo de ser tan arraigado a su cultura de origen.

No recordaba que le había leído varios libros a Cabrera Infante (menos mal que hago fichas de lectura porque de otro modo no podría recordar tanto dato) :Así en la paz como en la guerra de 1960, una compilación de cuentos enraízados en el más profundo mestizaje cubano; la construcción es algo novadora con una primera página sobre la cotidianidad atroz de la guerra seguida por un cuento; no los entendí todos porque se necesitan conocimientos etnológicos para apreciar los orígenes mestizos de los relatos. La ninfa inconstante que es una novela póstuma editada en 2008 y que me sedujo por el uso extraordinario de la lengua castellana, una historia algo extraña que acaece en Cuba de 1957, época de Batista donde el narrador se prenda de una niña de 15 años, extraña, autista y por esta menor deja a su mujer y la instala y esconde de todos en una relación que no podrá durar y que rezuma bastante inmoralidad, es una obra transgresora. Vidas para leerlas de 1992 son recuerdos literarios acerca de hombres y mujeres, muchos de ellos desconocidos por mi, escrito con un desparpajo increíble para las habladurías de carácter sexual, muchas de ellas alrededor de la homosexualidad; muy bien escrito, con el don de la frase justa y asesina y algunas ideas brillantes.

Tres tristes tigres de 1965 que él llamaba TTT fue su novela de gran repercusión que se llamó originalmente Ella cantaba boleros y era una versión retocada de su anterior trabajo Vista del amanecer en el trópico (Premio Biblioteca Breve de Seix Barral); el libro es una compilación de relatos sobre Cuba y la intensa vida nocturna de los años de Batista; en la compilación destaca el relato Ella cantaba boleros que leeré otra vez en el libro para esta reseña. Cada relato está escrito con el lenguaje del protagonista, o sea, que tenemos una novela polifónica y por momentos la lectura resulta difícil con tanto dialecto.

Ella cantaba boleros reúne dos obras recuperadas en dos de sus grandes libros, hoy en día « clásicos » : La amazona proviene de La Habana para un infante difunto (1979) y Ella cantaba boleros de Tres tristes tigres (1965).

La amazona es una historia de amor tórrida (caribeña) con sexo desaforado. Es la historia de un joven crítico de cine, recién casado, con ambiciones literarias que vive en la « caliente » ciudad de La Habana en los últimos años de la dictadura de Batista. El sexo considerado por Cabrera Infante como un ejercicio mental que se ejecuta con el cuerpo. Es una historia de amor cabal, con un principio y un final, contada con ese desparpajo linguístico inmejorable de Cabrera Infante que sabe mezclar un humor feroz con la intertextualidad y el choteo habanero. Un ejemplo del juego con el lenguaje : el narrador habla de la amazona y de sus ojos verdes…Vi que lo decía con toda seriedad. Mortalmente seria. Dejé de sonreirme y la miré fijo a los ojos. Estaban tan serios como su cara. Todos estábamos serios en ese momento : yo, ella y sus ojos que se veían luminosamente verdes. Pensé en el color verde y el mar, en el verde y el mal, ¿me vería ella verde con sus ojos? ¿no estoy demasiado verde para morir?(página 111). Este otro ejemplo :…Salí de mi sopor, de mi estupor, de mi estupro – sin duda ella me había violentado emocional y casi físicamente de un golpe. Se acercó a mí y me dio un beso en la boca, húmedo de la bebida pero también de su saliva, savia, sabia : intenso y muelle con todos sus labios gruesos, ventosas, no bembas (página 113).

Ella cantaba boleros es una historia desopilante de noctámbulos y de nocturnidad habanera donde la « noche no sólo es el fin y el principio, sino el medio« . La protagonista es una negra elefantiasica que canta boleros a capella, está descrita de manera sumamente truculenta. El final es de una comicidad que me arrancó carcajadas a grito limpio a pesar de lo bochornoso del desenlace. El lenguaje es deslumbrante, un ejemplo página 295…te equivocaste en un detalle me dijo Walter Socarrás, socarrón, para añadir socorrido, corrido, corriendo, corrigiendo, te equibotaste…

Una vez más me he quedado lela con el uso del lenguaje de este escritor. La escritora cubana Zoé Valdés escribió sobre Cabrera Infante « pocos escritores cuentan de manera tan carnal, tan posesa, tan libre, la ciudad que han amado, como han amado a la mujer de su vida. De igual modo, pocos son los que se sinceran y se muestran tan sumamente frágiles ante el amor, frente al deseo y a la suavidad de las carnes tibias de las ninfas inconstantes, que hacen de quien las ama, el hombre más constante, y no por gusto febril.

ELLA CANTABA BOLEROS, Alfaguara 1996,  ISBN 84-204-8205-6

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