Los senderos que se bifurcan de Ana María Navales

Ana María Navales Virueta fue una escritora, poeta y ensayista española (Zaragoza 1939-2009) con un doctorado en Filosofía y Letras para dedicarse luego a la enseñanza de la Literatura Hispanoamericana.  Fue influenciada por la escritura de autores como Delibes, Aldecoa, Sueiro, Umbral, Borges, éste último siendo para ella la quintaesencia de todos los otros . También se la ha relacionado con el grupo llamado Bloomsbury, en honor a la calle que alberga Howard Press y que fue la residencia de varios de sus miembros, grupo creado por Virginia y Leonardo Woolf y que involucra también a Katherine Mansfield, Dora Carrington,  Vita Sackville-West y otros.

Existe un Certamen Literario Ana María Navales desde 2012 con un fallo el 31 de mayo (ayer !) de Erial Ediciones,  dedicado a la poesía y al relato breve.

En alguna parte supe de la existencia de este libro,  Los senderos que se bifurcan (Escritores hispanoamericanos del siglo XX, 2008)  y quise leerlo porque figuraban varios escritores que hacen parte de mis preferencias.

No estoy encantada con esta lectura porque los capítulos son demasiado sucintos, no pude ahondar nada sobre nadie. El lado bueno es que encontré muchos nombres de la literatura hispanoamericana  totalmente desconocidos para mi, lo que resultó útil finalmente.

Sobre Carlos Fuentes, el escritor mexicano detentor del Premio Cervantes 1987, Navales escribe algo interesante y pertinente que anoté: « cuando uno intenta quitar la máscara, aunque sea parcialmente a alguna novela de Fuentes, a esa desnaturalizada trivialidad de cada día que cabalga entre lo mágico y lo irrazonable, las interpretaciones de las claves literarias, las sugerencias, las ideas que se detectan o que pueden alumbrar la lectura reposada, no son todo lo claras y redondas que cabría esperar. Y Carlos Fuentes dice algo pertinente sobre literatura, « tanto Cervantes como García Márquez proponen otro problema: sus libros no han de ser creídos, sino leídos, su realidad es la lectura ».

Navales cita una buena versión sobre el origen del movimiento literario sudamericano del Boom, por parte del excelente escritor chileno que fue José Donoso cuya biografía acabo de terminar, escrita por su hija adoptiva Pilar Donoso (Correr el tupido velo, 2009), libro que recomiendo altamente; José Donoso dijo que el Boom empezó en 1965 en una fiesta en casa de Carlos Fuentes y terminó como entidad en la Nochevieja de 1970 en otra fiesta, esta vez de Luis Goytisolo. (Donoso escribió una Historia personal del Boom, 1972). Las primeras ondas se pusieron de manifiesto en 1962 cuando se concedió el Premio Biblioteca Breve a Mario Vargas Llosa por su novela La ciudad y los perros. Se sabe que en los primeros años de la década de los 60, las novelas de cada una de las repúblicas hispanoamericanas permanecían dentro de sus fronteras, emparedadas por los escritores criollistas y costumbristas que impedían, en cierto modo, la expansión de los más jóvenes con ideas y posturas diferentes en la narrativa (página 80). Fue necesario el enorme éxito de Cien años de soledad en 1967 para que las novelas latinoamericanas saltaran también la barrera del idioma y se multiplicaran las traducciones.

Hablando de otro escritor que me gusta mucho, el chileno Jorge Edwards, Navales especifica que su libro Persona non grata, pertenece con toda propiedad al género de las memorias y que es un généro menos frecuentado en la lengua española que en las literaturas anglosajonas o en la francesa. Las memorias suponen algo de impudor y revelación personal. Pues bien, alguien decía que los españoles e hispanoamericanos tienden a contar su vida a los pocos minutos de conocer a una persona, y al escribir, en cambio, adoptan un tono impersonal y distante, disimulando celosamente su intimidad. Los ingleses que no acostumbran a hablar sobre si mismos en la vida privada, se muestran, sin embargo, al desnudo cuando escriben memorias (página 91). [Y en este caso Jorge Edwards es un buen ejemplo de estilo anglosajón porque es capaz de « descorrer el tupido velo » a la manera de Pilar Donoso].

Y qué luchas internas debió afrontar el escritor y hasta hace poco diplomático, Jorge Edwards quien decía en una entrevista que hay una incompatibilidad fundamental entre la diplomacia y la literatura. El diplomático tiene el deber de guardar silencio y de someterse, incluso por encima de sus escrúpulos personales, a la razón de Estado. El escritor tiene el deber de la denuncia y de la crítica. La diplomacia se escuda en una retórica anticuada, que permite decirlo todo sin herir y con el mínimo de compromiso. El lenguaje del escritor, en cambio, es por naturaleza escandaloso. La palabra del escritor cumple, más allá de su sentido, una función autónoma; la del diplomático es, como la de todo burócrata, instrumental (página 91).

Un libro que se saborea bien, pero que hubiese ganado en desarrollar más los capítulos.

LOS SENDEROS QUE SE BIFURCAN, Calambur Ensayo 2, 2008,   ISBN 978-84-8359-050-8

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