Mi nombre es Malarrosa de Hernán Rivera Letelier

Hernán Rivera Letelier es un novelista y poeta chileno (Talca 1950). Se le conoce por sus novelas ambientadas en la pampa salitrera chilena. El hombre sabe de lo que escribe porque vivió su infancia en oficinas salitreras y trabajó como adulto en varias de ellas. Empezó su carrera literaria como poeta, ganando varios premios.

Es un escritor que me gusta mucho por lo verídico y sincero de sus relatos. Me llena de admiración saber que es casi un autodidacta que ha sabido crear una obra enteramente dedicada a ese norte chileno tan particular, tan árido, tan hermoso en su pureza ambiental, con los cielos estrellados más bonitos del planeta. Pocos lugares  desprenden una tal belleza,  casi lunar, con una paleta de colores  diferentes según la iluminación del paisaje,  fenómeno debido al  contenido variado y abundante en minerales de los cerros del desierto.

Encuentro que el novelista tiene mucha truculencia con su prosa, y posee un estilo  muy personal, utiliza un vocabulario exquisito. Tiene también gran originalidad para escoger los apodos de sus personajes, pero sobre todo, tiene magia para escoger los títulos de sus libros: » La Reina Isabel cantaba rancheras« , su primer libro que le valió el estrellato, « Himno del ángel parado en una pata« , « Fatamorgana de amor con banda de música« , « Los trenes se van al purgatorio« , « Romance del duende que me escribe las novelas« , « Historia de amor con hombre bailando« , etc.

Creo que los he leído casi todos   y cada vez ha sido un placer y una emoción intensos. No los voy a citar todos porque temo que la lista sea larga y la enumeración  fastidiosa. Curiosamente, el que menos me gustó fue El arte de la resurrección  que ganó el Premio Alfaguara 2010, porque encontré muchas repeticiones en el texto que me resultó a veces demasiado largo. Pienso que este justificado y merecido premio Alfaguara vino a reconocer una obra más que una historia, porque para mi gusto Rivera Letelier tiene opus mucho mejores.

Es verdad que sus novelas cuentan casi siempre lo mismo, historias alrededor de las oficinas salitreras de la pampa, con sus gentes, sus leyendas, sus anécdotas, sus costumbres. Todo un pasado que se hunde poco a poco en  el olvido colectivo. Gracias,  Hernán Rivera Letelier por dejar plasmadas tantas historias bonitas con tu prosa inimitable.

Hay que recordar que las oficinas salitreras, como se las llamaba, proliferaron en el árido desierto de Atacama entre 1810 y 1930 . Se fueron cerrando una tras otra porque la invención del salitre sintético hizo caer de 90% el precio del mineral extraído tan duramente por hombres que se calcinaron trabajando bajo un sol inclemente. El mineral  era nitrato de sodio utilizado como fertilizante y luego como componente de la pólvora, lo que fue el origen de colosales fortunas en Chile porque  con las guerras de independencia, el precio del nitrato de sodio se fue a las nubes. En pleno auge de las salitreras,   era necesario tener  diversiones para los miles de obreros que trabajaban en las minas a cielo abierto. Las jaranas y el rimbombo de los rudos mineros del norte con la proliferación de los bares, las casas de lenocinio, y las consecuentes borracheras y reyertas a granel, eran el pan de cada día. En este ambiente surgieron personajes increíblemente truculentos,  inefables e inolvidables,   que Rivera Letelier nos restituye con cada uno de sus libros.

Página 45 Rivera Letelier nos explica el proceso de cierre de una salitrera…Primero desapareció el humo: el humo de la usina, el humo de las locomotoras, el humo de las chimeneas de las cocinas de barro; más tarde desaparecieron los gringos, desaparecieron con sus mujeres, con sus mascotas y sus mayordomos vestidos de levita; después desaparecieron los comerciantes -primero los mercachifles, luego los establecidos-; después desapareció la policía, a continuación desaparecieron las putas, y, entonces, finalmente, desapareció el pueblo. Y ahí, de pie en medio de la pampa, bajo el sol blanco del desierto, nos dimos cuenta de que todos estos años habíamos vivido, habíamos trabajado, habíamos engendrado a nuestros hijos y enterrado a nuestros muertos en un espejismo...

Me pregunto la resonancia que estas novelas encuentran en lectores que no sean chilenos, porque la prosa comporta tantos chilenismos y tanto lenguaje coloquial que me parece que hay que ser chileno para captarlo plenamente. El lenguaje puede ser  bastante crudo, pero todo  suena sincero y verídico.

Mi nombre es Malarrosa ocurre justamente en 1930 cuando la oficina Yungay está en pleno proceso de abandono. Es la historia de una niña de 12 años que debió llamarse Malvarrosa, pero que por error del escribiente, quedó como Malarrosa. Es huérfana de madre y su padre es un tahúr que se ha jugado al poker lo poco que tiene y que además es un borrachín. Esta chica cuida de su padre como si fuera una mujer adulta; tiene madurez y ciertos dones como el de maquillar a los muertos o de encontrar objetos perdidos. El padre se acercará a un minero fortachón que lo salvó de la muerte en la matanza de San Gregorio y que le servirá de guarda espaldas; el hombre responde al apodo de Bolastristes y será un boxeador bastante exitoso con cuyas peleas se puede apostar dinero.

Es un verdadero western a la chilena con  escenas de una franca jocosidad ; el final de la novela es un poco triste, como a menudo en las historias de Rivera Letelier, pero es la vida misma y se acepta. Hay también párrafos de verdadera poesía, al mismo tiempo que unas descripciones del desierto chileno, absolutamente preciosas.

Es una novela donde el realismo mágico surge por sorpresa y nos atrapa.

A propósito de la pureza y belleza del cielo en la pampa, Rivera Letelier escribe página 29…El cielo de la pampa, alto, diáfano, explícito, es una gloriosa celebración de estrellas enfatizadas por la misma oscuridad que pretende sofocarlas, estrellas que alumbran y relumbran su propia lumbre inaugural, estrellas de todos los tamaños y luminosidades, estrellas más cercanas, estrellas más lejanas, estrellas inalcanzables; bellas como faroles de papel, fijas como ojos de gatos, parpadeantes como lagartijas; estrellas bautizadas, estrellas moras, estrellas muertas; estrellas frías como escarcha, ardientes como braseros, misteriosas como fuegos fatuos; estrellas formando cruces, vías, constelaciones; un reluciente y misterioso universo de cuerpos celestes- astros, luceros, soles, planetas, aerolitos- arracimados ahí, a un palmo de su alelamiento…

A propósito de la belleza del desierto y de la poesía del escritor…Bajo un cielo árido de lluvias, las piedras cantan su épico fragor de siglos, piedras que son como los lirios de los campos, como palomas caídas en picada y enterradas de cabeza en estas arenas infernales. Una astrología de piedras es el desierto de Atacama, no de piedras como frutos secos, duros, sin una gota de nada, como la conciencia de Dios; no, en este desierto castigado, sin nubes ni sombra de nubes que ungan su espinazo oxidado, las piedras palpitan, tiemblan, sufren escalofríos; tienen corazón de pájaro o de bailarina. Las piedras del desierto son estrellas caídas; en sus métanos anida el recuerdo cósmico, la nostalgia de la noche sin nombre en donde esplenden esas otras piedras celestes que titilan sus lucecitas como trinos de alondras, o pestañeos de bailarinas melancólicas

 

MI NOMBRE ES MALARROSA, Alfaguara 2008,  ISBN 978-956-239-582-3

3 réflexions sur “Mi nombre es Malarrosa de Hernán Rivera Letelier

  1. WUAH !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Muy BARROCO .Una declaración de AMOR a CHILE …….Don Juan Tenorio ?????????????????

    Da ganas de leerlo .

    GABRIELA

  2. Hace poco cayó en mis manos este libro que acabe rápidamente, porque retuvo mi interés y atención continuamente. Se trata de una linda y triste historia llena de sentimientos que transcurre en paisajes que me son conocidos. El autor describe acuciosa y acertadamente el lugar permitiéndome percibir ese calor que se siente sobre la piel cuando se está en el desierto de Atacama. Es agradable sentirlo si uno se encuentra en el otro hemisferio, sintiendo temperaturas cerca del punto de congelación.
    Hubiera deseado un final feliz a la « Disney », sabiendo que Malarrosa ha sido acogida por personas que la llevarán por un buen camino, pero no se podía esperar otro desenlace después de todas esas vivencias que tuvo que experimentar.
    Disfruto la forma de escribir de Rivera Letelier que utiliza un espanol bien estructurado junto a expresiones folclóricas y chilenismos.

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