Cuando éramos inmortales de Arturo Fontaine

Arturo Fontaine Talavera es un novelista, poeta y ensayista chileno (Santiago 1952), considerado como un autor de la « nueva narrativa chilena » de los años 90;  asistió a un taller literario de José Donoso. Tiene dos maestrías en EEUU: un Master of Arts y un Master of Philosophy de la Universidad de Columbia.

Cuando éramos inmortales es su segunda novela de 1998, es un Bildungsroman o novela de aprendizaje,  donde el protagonista, Emilio,  trata de sobrevivir en la modernidad. La novela está narrada en primera y tercera persona, en presente y en pasado que se van intercalando en tono lírico o impresionista, pero con una sólida trama.

Carlos Fuentes lo destacó en muy buen lugar en su ensayo sobre la literatura latinoamericana, lo considera partícipe de la nueva narrativa chilena junto con Carlos Franz, un autor que acabo de leer (El lugar donde estuvo el paraíso). Como Carlos Franz,  Arturo Fontaine es también hijo de diplomático y también formado en un taller literario de José Donoso, o sea, que tienen un tronco común. Jorge Edwards, un literato chileno que me gusta mucho, dijo de este libro que es una novela para leer saboreando y paladeando, con una calidad de escritura que se da aún mejor con una relectura. Y le encuentro toda la razón porque Cuando éramos inmortales es un libro extraordinariamente rico y profundo, inolvidable, sobre el doloroso aprendizaje del crecimiento de un ser humano.

Encuentro que la temática de Fontaine tiene cierto parecido con la  de Jorge Edwards, y la similitud viene del peso enorme de la familia sobre la psiquis de los, en apariencia, tiernos niños. Pero el estilo de los escritores es muy diferente: para mi, Jorge Edwards tiene algo de « proustiano »  a la chilena. En cambio el estilo de Fontaine me parece más moderno, más libre, más directo, más psicoanalítico. Ambos escritores tienen buena dosis de humor, el humor de Edwards es más fino y más pícaro. Y Jorge Edwards, por encima de todo, lo siento como un escritor arraigadamente chileno, con unos dejos muy criollos en su literatura, lo que lo hace entrañable a la lectura.

Me encantó este libro y como lo sugiere Jorge Edwards, habrá que leerlo nuevamente porque da para mucha reflexión.

Es la historia de Emilio Carvajal, un pre-adolescente de muy buena familia que vivirá dolorosamente el paso hacia la edad adulta porque tendrá que afrontar la separación  de sus padres a la que él no entiende el fondo del problema, pero intuye muchas cosas. La descripción de la familia chilena burguesa de aquellos años (década 1960-70) es magistral : el miedo al qué-dirán; el rol jugado por los primos en el despertar de la sensualidad; el rechazo de la sociedad a las  parejas separadas (el divorcio no existia en aquellos años) donde los « separados » no son recibidos  por  la familia,  con el consecuente sentimiento de « desclasados »; el descubrimiento o más bien la sospecha de una vida sexual  de los padres; el  terrible desgarro cada vez que el muchacho atravesaba el umbral de cada casa después de un fin de semana alternativo ( la casa de la madre y el departamento del padre), pero sobre todo ( y aqui Fontaine se acerca mucho a Edwards) el traumatismo con el acoso que los escolares pueden experimentar en un colegio privado de curas. La ley del silencio por miedo a las represalias, al deshonor, a la pérdida de una cierta inocencia que ha sido violada.  Las vejaciones delante de los camaradas, llamadas « jarabe de membrillo » que no era otra cosa que varillazos en las nalgas hasta la sangre.

Pagina 208 nos aproximamos al sentido del libro cuando el narrador, Emilio, piensa de su prima Raquel…Y se preguntaba ahora si Raquel se acordaría de esto, si se le habrá venido a la memoria alguna vez ese adjetivo extraño y tan inútil en ese momento, pero revelador. Porque nosotros entonces éramos inmortales. Y lo éramos de manera espontánea, sin reflexión ni duda posible, es decir, tal como les sucede a los inmortales.

Iniciamos la novela con un pre-adolescente y la terminamos con la éclosion de una crisálida,  preparada para afrontar las penas de la edad adulta con un primer amor. Página 354 Emilio piensa que las opiniones de su padre, de su madre, no eran opiniones: eran el mundo. Entonces su castigo y su exigencia interior se topaban con un límite. Brotaba para Emilio, como de una vertiente inaudita, la paz. Ser feliz era, entonces hacerlos felices a ellos. Hasta que llegó un momento en que supo que su felicidad, su gracia y su desgracia, ya no podían surgir ni de su padre ni de su madre. Y ése fue, claro, el fin de la infancia. había cruzado esa raya sin querer y sin sentirlo; y se halló arrojado a lo desconocido. Solamente ahora se daba cuenta.

Lindo este libro, magnífico, emocionante.

CUANDO ÉRAMOS INMORTALES , Alfaguara 1998,  ISBN 956-239-052-7

Une réflexion sur “Cuando éramos inmortales de Arturo Fontaine

  1. Me diste ganas de leerlo , no sólo par la síntesis pero también para conocer los autores chilenos de nuestros días . GRACIAS

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