Herejes de Leonardo Padura

Leonardo Padura Fuentes (La Habana 1955) es un exitoso escritor, periodista y guionista cubano, ciudadano español desde 2011. Reside al sur de La Habana, en el barrio La Mantilla que lo vio nacer,  junto con su esposa Lucía, su primera lectora y su perrito Chorizo, alias Chori.

Herejes es la octava publicación con las aventuras del teniente detective Mario Conde;  los siete opus anteriores fueron reseñados en este blog. En un comienzo Padura  anunció solo cuatro tomos regrupados bajo el título de Las cuatro estaciones, pero el éxito rotundo e internacional de la serie ha hecho que siga alargándola. Herejes ha sido galardonado con el Premio Internacional de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza por su calidad literaria y por el rigor histórico de la obra.

Los enigmas policiales en la extensa obra de Padura son meros pretextos para describir una isla llena de paradojas, con unos personajes muy idiosincrásicos  y mucha información sobre Cuba, empezando por sus tesoros culinarios,  sus lastres y sus glorias. Son verdaderamente estudios etno-sociológicos de gran calidad, con un fondo de humor caribeño irresistible y bastante crítica ponderada hacia el régimen imperante.

Probablemente  este grueso libro de más de 500 páginas sea su mejor opus porque  a mi parecer es el más « internacional »  de las aventuras de Mario Conde, el más « exportable ». Se dice que  necesitó más de 5 años de investigación ! Aunque el resultado me resulta un poco pesado,  verborreico y por momentos,  iterativo. Los flash- backs históricos entre Amsterdam del siglo XV y Cuba actual, resultan arduos de seguir. El libro me hubiese gustado más acortando algunos capítulos.

La trama está basada en hechos reales dramáticos: un transatlántico atiborrado de ricos  judíos europeos que habían pagado muy cara una supuesta libertad en Cuba, fue devuelto a Europa con la consecuente condena a muerte de todos. Una estafa colosal que se pagó con vidas humanas. Es un hecho histórico bastante vergonzoso, de índole  criminal por parte de  funcionarios corruptos del régimen de aquella época (1939).

La ficción de Padura hace que entre los pasajeros, iban los padres y la hermana de Daniel Kaminsky muchacho que  había llegado a La Habana para reunirse con su tío paterno Joseph y salvarse del régimen nazi. Los padres de Daniel llevaban consigo un cuadro atribuido a Rembrandt que había llegado en manos de la familia Kaminsky por vías oscuras, y su alto precio en el mercado del arte lo hacía para ellos una garantía de su supervivencia.

Hay en el libro tres historias bien distintas que Padura  relaciona: 1) la saga de la familia Kaminsky, judíos poloneses,  que echarán raíces en Cuba por las razones de siempre: la diáspora del pueblo israelita; 2) la actuación de Mario Conde, contratado por un descendiente de los Kaminsky para investigar en la isla la trayectoria del cuadro de Rembrandt y 3) la historia de  Yadine Kaminsky una chica aparentada a los Kaminsky ( su padre fue adoptado por un Kaminsky), adicta a la filosofía de los emos ( otra filosofía, como la de los punks, freaks,  y rastas…) Esta filosofía que atraía a muchachos que no creen en nada porque no encuentran nada en que creer. El cuento de trabajar por un futuro mejor que nunca ha llegado, a ellos no les da ni frío ni calor, porque para ellos ya no es ni un cuento…, es mentira. Aqui los que no trabajan viven mejor que los que trabajan y estudian, los que se gradúan de la universidad después se las ven canutas para que los dejen salir del país si quisieran irse, los que se sacrificaron por años hoy se están muriendo de hambre con una jubilación que no les da ni para comprarse aguacates. Y entonces ellos ni siquiera sacan cuentas: unos se van para donde puedan, otros quieren hacerlo, otros viven del invento, otros se hacen cualquier cosa que dé dinero: putas, taxistas, chulos…Y otros más se hacen frikis, rockeros y emos. Si sumas todos esos otros, verás que la cuenta está cabrona, son muchísimos. Eso es lo que hay. No le des más vueltas. A eso llegamos después de tanta cantaleta con la fraternal disputa para ganar la bandera de colectivo vanguardia nacional en la emulación socialista y la condición de obrero ejemplar. (Vaya diatriba!)

Mario Conde tiene 54 años en este tomo, es un ex policía que se gana la vida vendiendo libros viejos, junto con su amigote Yoyi el palomo. Conde vive un amor correspondido con Tamara 37 años después del preuniversitario,  después que mucha agua ha pasado bajo el puente; el héroe Conde ha envejecido, Tamara también, y se conforman con sosegadas y profundas « tandas de sexo maduro »;  los amigos del barrio son siempre entrañables. Página 24 leemos  » a sus cincuenta y cuatro años cumplidos, Conde se sabía un paradigmático integrante de la que años atrás él y sus amigos calificaran como la generación escondida, los cada vez más envejecidos y derrotados seres que, sin poder salir de su madriguera habían evolucionado (involucionado, en realidad)para convertirse en la generación más desencantada y jodida dentro del nuevo país que se iba configurando ». Y página 182 seguimos leyendo  » en las calles , las aceras, las esquinas, una humanidad sin expectativas y al margen del tiempo o, peor aún, desgajada de él, veía pasar el Audi brillante con miradas que iban de la indiferencia a la indignación: indiferencia por una vida posible que nunca, ni en sueños (pues ya no soñaban), sería la suya, e indignación (el último recurso) por reflujo visceral ante lo que les había sido negado por generaciones, a pesar de muchísimas promesas y discursos. Eran seres para los que, a pesar de obediencias y sacrificios, la existencia había funcionado como un tránsito entre una nada y un vacío, entre el olvido y la frustración.

Página 390 Mario Conde hace un balance existencial: mientras se limpiaba las costras y calores del día y se entregaba a la imaginación de un satisfactorio cierre sexual de jornada, Mario Conde pensó que, en verdad, podía considerarse un ser muy afortunado: le faltaban miles de cosas, le habian robado cientos, lo habían engañado y manipulado, el mundo entero se hacía mierda, pero todavía él poseía cuatro tesoros que, en su magnífica conjunción, podía considerar los mejores premios de la vida. Porque tenía buenos libros para leer; tenía un perro loco e hijo de puta del cual cuidar; tenía unos amigos a quienes joder, abrazar, con quienes se podía emborrachar y soltarse a recordar otros tiempos que, en la benéfica distancia, parecían mejores; y tenía una mujer a la que amaba y, si no se equivocaba demasiado, lo amaba a él. Gozaba de todo aquello-y ahora hasta de dinero-, en un país donde mucha gente apenas tenía nada o iba perdiendo lo poco que le quedaba: porque demasiadas personas con las que cada día se topaba en sus afanes callejeros y le vendían sus libros con la esperanza de salvar sus estómagos, ya habían perdido hasta los mismísimos sueños.

Mario Conde tiene humor y se auto-proclama heterosexual machista cubano de la línea militante aunque comprensiva ( solo que oír dos confesiones lésbicas en el mismo día, sobrepasa su capacidad de asimilación…).

Todos los libros anteriores de Mario Conde serán citados en este tomo con frases alusivas a casos anteriores.

HEREJES, Tusquets Editores 2013,  ISBN 978-987-670-191-4

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