La Gran Vía es New York de Raúl Guerra Garrido

Raúl Guerra Garrido, de su verdadero nombre Raúl Fernández Garrido (Madrid 1935) es un  escritor español con un doctorado en Farmacia (1960). Residente en Euzkadi desde los años 60 donde su oficina de farmacia sufrió por lo menos 4 ataques de kale borroka por criticar al nacionalismo vasco. El escritor se considera como un « outsider » porque no pertenece a ningún club. Dice que la novela es un género de experiencias, por eso las vivencias marcan la obra de todo autor. Es un narrador preocupado por ofrecer un testimonio estético e ideológico de la realidad contemporánea. Sus historias enfrentan al lector con peripecias que se desenvuelven en escenarios recorridos por los dramas de nuestro tiempo.

Le he leído, o tratado de leer, unos tres libros. Para comenzar, Lectura insólita del capital que le valió el Premio Nadal 1976 y  que relata  el secuestro angustioso de un industrial vasco, que sólo tiene El capital de Marx como lectura para sobrellevar su duro cautiverio: no pude leer más de 100 páginas de esta novela  poco hilvanada y con fuerte sabor regional; me resultó francamente hermética. Enseguida, El año del Wolfram, que resultó finalista del Planeta 1984,  libro que traté de leer hasta el final dos veces, sin lograrlo aunque  comprendí el mensaje : contar la epopeya de la explotación del tungsteno ( o wolframio) en las montañas del Bierzo (región natal de Guerra Garrido), durante la segunda guerra mundial: tiempos de estraperlo y espionaje con guerrilleros acechando en las montañas ;  no le encontré ningún interés a esta lectura a pesar de la riqueza del vocabulario y de las buenas locuciones.  Dulce objeto del deseo obra de 1990,  es un relato corto y bien construido, donde una chica joven es escogida como presa sexual por un asesino serial : hay buenas digresiones sobre la seducción, el amor y el deseo; este libro me gustó.

Este grueso libro La Gran Vía es New York del 2004, comporta 550 páginas, lo vi sobre el mostrador de la biblioteca Cervantes y quise leerlo por curiosidad hacia Madrid, urbe que tanto me gusta visitar. Cuantas veces he transitado por esta Gran Vía, me interesó conocer su historia. El libraco lo leí de a poco, lentamente, paladeando los 539 relatos entorno a esta importante arteria madrileña. Los hay de temas variopintos, no todos cautivaron mi atención, pero todos están escritos con una prosa admirable y con vocabulario deslumbrante. Es un fresco literario a través del tiempo de esta arteria madrileña, novela a caballo entre realidad y ficción; obra que fue galardonada con el Premio de la Crítica de Castilla y León y el Premio de la Comunidad de Madrid 2005.

La Gran Vía cruza de este a oeste  la capital, comunica los barrios de Argüelles y Salamanca desde la calle de Alcalá hasta la plaza de España. El tramo entre la plaza de Callao y la plaza de España se conoce como el Broadway madrileño porque están los cines y los teatros musicales. El primer tramo entre Alcalá y Red de San Luis fue dedicado desde el comienzo al comercio de lujo y se le compara con la rue de la Paix en Paris, Regent Street en Londres o la Galleria Vittorio Emanuele en Milán.Gran Via - Gran Via aerial view Los trabajos monumentales se iniciaron en 1862 con la reforma de la Puerta del Sol. A lo largo de su historia, la Gran Vía ha cambiado varias veces de nombre: Avenida de la CNT, Avenida de Rusia, Avenida de la Unión Soviética, Avenida de los obuses, Avenida de José Antonio. Esta vía fue planificada como una vía de comunicación y punto de encuentro de los ciudadanos, como área recreativa y comercial. Albergó los primeros grandes almacenes de la ciudad, escaparates de lujo, grandes salas de cine, cafés muy frecuentados y hoteles. Actualmente unos 50 000 coches circulan diariamente y en hora punta lo hacen 185 autobuses. Hay 41 hoteles, 15 sucursales bancarias, 4 cines (de los 12 que hubo), 3 teatros y 2 museos.Los relatos tienen todos un eje común: la mención, en algún momento de la Gran Vía: el lugar geográfico, sus gentes, o sus edificios. 

Hete aquí una muestra con el relato  Tener o no tener gracia:

Por muy poco, por el ancho de una manzana, se salvó la calle del Caballero de Gracia de las demoliciones necesarias para la construcción de la Gran Vía. La famosa calle debe su nombre a un personaje del que, de no haber bautizado una calle, nadie guardaría memoria. Se trata de Jácome o Jacobo de Grattis (1517, Módena-1619, Madrid), conocido en su tiempo como el Caballero de Gracia, no título nobiliario sino alias. Del porqué del sobrenombre de Gracia, virtud que sin duda alguna le adornaba, existen múltiples versiones, en diversas anécdotas, siendo la de su nacimiento la más fiable. Se cuenta que su madre, gestante, fue dada por muerta y cuando iba a ser enterrada recobró de pronto la vida, asustando a todos los presentes pero convenciéndoles también de que el niño por nacer tendría una gracia especial, un don particular que no fue tanto una específica virtud sino una predisposición genérica para atraer a la suerte y caer bien o en gracia. De ahi su prestigio siempre por encima de su merecimiento. Su longevidad, murió a los 102 años, quizá fuera una más de las gracias adquiridas en el cataléptico vientre materno, y que suele atribuirse a quien durante el embarazo incrementa con sus lágrimas el líquido amniótico. El Oratorio del Caballero de Gracia fue construido a fines del XVIII por la Venerable Congregación de Esclavos del Santísimo Sacramento en homenaje a Jacobo de Grattis, fundador de la orden. Se trata de un bello y sereno templo neoclásico de planta basilical, diseñado por Juan de Villanueva siguiendo los cánones de Palladio, con una harmoniosa cúpula, hieráticas columnas y bellísimos frescos. El breve atrio que forman escaleras y retranque vivió los avatares de la calle constituyéndose en nocturno refugio de tiracantos, derramasolaces y yonquis más o menos posmodernos, noctívagos pobladores que suelen dejar tras de si un rastro de imposible reciclaje y otros productos varios enigmáticos para el ciudadano medio. La cabecera del templo, es decir, la fachada posterior, se asoma a la Gran Vía acumulando varias excepcionalidades: es parte del único edificio que se conserva anterior a 1910, es el único edificio religioso de tal avenida y es un edificio evanescente. El Caballero de Gracia era un hombre riquísimo, que poseía  casi todas las casas de la calle a él dedicada, suntuosas y con hermoso jardín a la italiana cada una  de ellas. Su fortuna procedía de la herencia, de los negocios, de la diplomacia, del espionaje y de mil vicisitudes que su gracia transmutaba en oro. La leyenda le atribuye una vida paralela en otras mil aventuras amorosas.

El relato Atraco perfecto, me recuerda la película hispano-argentina de Eduard Cortés del 2012  !Atraco! que cuenta el robo por 2 ciudadanos argentinos de las fabulosas joyas de Eva Perón, empeñadas en la lujosa joyería madrileña Aldao, joyas empeñadas en secreto y codiciadas por Carmen Polo, esposa del caudillo.

LA GRAN VÍA ES N.Y., Alianza Literaria  2004,  ISBN 84-206-4574-5

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