Si viviéramos en un lugar normal de Juan Pablo Villalobos

Juan Pablo Villalobos nació en Mexico en 1973, estudió marketing y literatura hispánica con un doctorado en Teoría literaria y literatura comparada. Vivió unos 8 años en Barcelona, hoy en día está radicado en Brasil.

Tiene en mente escribir una trilogía crítica sobre Mexico que inició en 2010 con Fiesta en la madriguera,  una mirada sobre la infancia , cuya versión inglesa Down the rabbit hole, fue finalista du First Book Award 2011 del periódico The Guardian y en Francia, finalista del Premio de los Liceanos de excelente reputación ( mucho más valioso y serio que los premios de las casas de edición). La trilogía tendrá en común de ser narrada a la primera persona con una perspectiva humorística.

El humor es habitual en sus libros porque él piensa que el humor es un arma contra el poder, una manera de entender la realidad y no sólo una cuestión de entretenimiento. Quiere rendir un homenaje al hoy un poco olvidado Jorge Ibargüengoitía, otro escritor mexicano con gran sentido del humor.

Al parecer esta novela, que ofrece una mirada sobre la adolescencia,  que el narrador define como etapa suprema del egoísmo, es la segunda entrega de la trilogía y Villalobos la escribió 7 veces ! La había comenzado desde 2009, o sea, antes del tomo 1. Es una novela « fracasada » porque su intención era de escribir sobre Carlos Salinas de Gortain que presidió México entre 1988-94, pero al final Salinas sólo sale en un párrafo aunque la novela está impregnada de él , que podría ser visto como un Ubu rey que en lugar de decapitar, privatiza. Y es una novela política para explorar los grandes problemas de México desde el interior de una familia numerosa que va a ser desahuciada. La sintaxis en esta novela es más trabajada y responde a la forma de hablar de los políticos mexicanos.

También la novela puede tener una lectura sobre el crecimiento y la madurez en una ciudad como Lagos de Moreno, una de las zonas más conservadoras de México, cuna de la revolucón conservadora de los cristeros. Villalobos describe muchos detalles y anécdotas robadas a su historia familiar.

No es una novela que me haya subyugado, ni por el tema ni por el estilo. Es verdad que el estilo de Villalobos es bastante jocoso por momentos, pero es una diversión para hacernos pasar un mensaje bastante negativo, es un lenguaje vector  de denuncias graves hacia la sociedad mexicana.

El padre del narrador es un profesor en total desacuerdo con lo que pasa a su alrededor. Utiliza un lenguaje soez para « aliviarse el alma » donde la conjugación del verbo ch….r se hace en  todos los tiempos y en todos los modos. Es como una muletilla que se acomoda con cada frase. El padre es un descendiente de campesinos de ejido, pequeños ganaderos, profesores, acompañados siempre por una corte fiel de beatas de diverso pelaje. Se hacían llamar sinarquistas y su misión  era repetir las derrotas de sus abuelos, de sus padres, quienes habían hecho la guerra allá por los años 20 del siglo pasado, cuando el gobierno decidió que las cosas del cielo eran del cielo y las de la tierra del gobierno. Según su padre, las familias que vivían en el centro habían involucionado al cuatropatismo, se movían en sus casas gateando, comían acostadas y dormían debajo de las camas.(pg 22)

La madre es un ama de casa que pelea a diario para alimentar a sus 6 hijos. Viven en un terreno, en una loma que se han tomado ilegalmente y que les permite vivir (mal) hasta que los desalojan porque la loma se ha convertido en  terreno de especulación inmobiliaria. Suceden cosas raras en esta familia como por ejemplo, extravían a los hijos y se lo toman con parsimonia, con demasiada fatalidad. Sufren de hambre y racionamiento. Hay un párrafo muy tragi-cómico sobre la repartición de las quesadillas ( son tortillas con queso) entre los miembros de esta familia numerosa:[…]Entramos en una fase de racionamiento de quesadillas que terminó por radicalizar las posturas políticas de todos los miembros de la familia. Nosotros conocíamos muy bien la montaña rusa de la economía nacional a partir del grosor de las quesadillas que nos servía mi madre en casa. Incluso habíamos creado categorías: quesadillas inflacionarias, quesadillas normales, quesadillas devaluación y quesadillas de pobre-citadas en orden de mayor opulencia a mayor mezquindad. Las quesadillas inflacionarias eran gordas para evitar que se pudriera el queso que mi madre había comprado en estado de pánico, ante el anuncio de una nueva subida en los precios de los alimentos y el peligro tangible de que la cuenta del súper pasara de los billones a los trillones de pesos. Las quesadillas normales eran las que comeríamos todos los días si viviéramos en un país normal, pero si fuéramos un país normal no comeríamos quesadillas, por lo cual también las llamábamos quesadillas imposibles. Las quesadillas devaluación perdían sustancia por razones psicológicas, más que económicas, eran las quesadillas de la depresión crónica nacional- y eran las más comunes en casa de mis padres. Finalmente teníamos las quesadillas de pobre, en las que la presencia del queso era literaria: abrías la tortilla y en lugar del queso derretido mi madre había escrito la palabra queso en la superficie de la tortilla. (pg 18)

Novela que se lee rápido, pero que se olvida pronto.

SI VIVIÉRAMOS EN…, Anagrama 2012,  ISBN 978-84-339-9753-1

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