Los círculos morados de Jorge Edwards

Don Jorge Edwards Valdés cumple aún la función de Embajador de Chile en Paris, pero ya circulan los rumores de una próxima partida lo que es altamente entendible: cambio de gobierno en Chile en noviembre 2013 y la edad de Su Excelencia: más de 80 años y aún mucho por escribir; para nuestro solaz, él ha expresado la idea de desear vivir aún centenares de años pactando con el diablo si necesario, como otro Fausto , lo que da una idea de su arraigo a la vida.

Este primer tomo ( sobre tres) de sus Memorias me ha encantado, sumiéndome en una especie de felicidad anímica muy especial, hecha de recuerdos personales y de confrontaciones con conocimientos variopintos.  Alabo el coraje del Señor Edwards para afrontar sus recuerdos, sus vivencias y poner todo ésto en orden. Me parece que leí en el libro que trabajó esencialmente con su memoria, que tiene que ser prodigiosa . Encuentro que ha logrado darle al  libro el tono exacto, perfecto, adecuado de distancia y de auto censura sin caer jamás en el morbo o la complacencia.

El título viene de las marcas que dejaban los malos vinos (« vinos de lija ») en sus labios sedientos de joven bohemio en los mejores años  de su juventud, los años 50, años de trasnochadas y de tertulias en los medios intelectuales-literarios de la época. Los años des « vaches maigres » y de dudas, pero los años de formación. No le resultó fácil al joven Edwards seguir su vocación, el ya conocido Pablo Neruda le habría dicho que ser escritor en Chile y llamarse Edwards era una cosa muy difícil ( Edwards era admirador fanático del Neruda lírico). Y sobre la vida literaria en el Santiago de aquel tiempo, la cosa era peliaguda, página 58 escribe:...ahora me doy cuenta de que la vida literaria, con sus honores y envidias, sus golpes bajos, sus patadas en las canillas por debajo de la mesa, eran posibles.

Este tomo abarca su juventud hasta los años 52-53 cuando estudiaba Derecho en Santiago. Es muy grato leer su historia familiar y personal en un Santiago de la época, muy provinciano y cortado del mundo. Hay descripciones acertadas de gente célebre, especialmente de los ámbitos literarios y políticos. Hay descripciones interesantes de reuniones familiares. Pero lo más interesante, a mi parecer, es la explicación de la génesis de algunos de sus libros y las filiaciones de algunos personajes de sus novelas. Así por ejemplo,  Jorge Edwards escribe que el único texto que le gustaría reescribir y desarrollar, sería La mujer imaginaria( leído hace poco, fantástica novela intimista) donde el modelo de la señora Cristina era su madre. Y como la lámpara de bronce sujeta con cadenas de una viga de su casona familiar en la Avenida Alameda,  es la misma lámpara babilónica ( ¿qué quiere decir con éso de babilónica?) de las primeras escenas de una de sus últimas novelas, La casa de Dostoievsky(aún no leída, pero que espera lectura sobre los cargados anaqueles).

En cuanto a su vocación de escritor, está claro que no fue fácil, página 182 se lee:...se podría sostener que la soledad fue esencial, desde el primer día, desde el propósito mismo, en mis intentos de escribir. Y hasta hoy, si alguien lee algo todavía inédito, recién salido de mi escritorio, escrito por mí, sufro una molestia insuperable, un rubor que me domina y hasta un temblor, una pérdida de control. Mi paso a la condición de escritor público no fue fácil, no estuvo exento de endiabladas complejidades, de transformaciones bruscas, de desgarraduras. Me costó asimilar ese paso, y no sé si hoy día, sesenta y tantos años más tarde, me sigue costando. Por otra parte,  no creía en la escritura secreta, no destinada, en último término, a la lectura de los otros. Supongo que no resolví estos dilemas nunca, que no conseguí abordarlos con una respiración, con un pulso, normales, y que mi destino literario, si es que se puede hablar así, estuvo determinado, lastrado por esta actitud. tengo la impresión hasta ahora mismo de que mis páginas autobiográficas tienen un lado, en el fondo, humillante, hiriente, aparte de que pueden molestar a otras personas, a familias, a tribus enteras.

Libro que se lee demasiado rápido, que se quisiera hacer durar para hacer durar el placer sibarita que se siente al leerlo y que una se imagina que podría también escucharlo durante horas porque el hombre es ameno y preciso en sus evocaciones, rico en anécdotas variopintas que denotan una memoria prodigiosa. Señor Edwards se espera con ansias lecturiles su próxima entrega.

LOS CÍRCULOS MORADOS, Lumen 2012,  ISBN 978-84-264-2147-0

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