La marca del meridiano de Lorenzo Silva

Lorenzo Silva, último premio Planeta, lanza su propia editorial. | Domènec UmbertLorenzo Silva Amador es un madrileño nacido en 1966, de formación leguleya, pero con ejercicio exclusivo de la escritura desde el año 2000, con el exitazo que se  conoce : le llueven los premios . Tiene una  bibliografía importante, que abarca muchos otros libros fuera de esta saga con los guardias civiles Bevilacqua y Chamorro, que ya totalizan SIETE tomos con éste, La marca del meridiano, que le valió el Premio Planeta, el premio mejor dotado económicamente de España:  600 000 euros.

Este tomo es el séptimo de la saga y la verdad es que está buenísimo y que se merece el Premio. Hice bien en leer justo antes La reina sin espejo porque introduce  personajes que tomarán una relevancia en este libro. Se trata del antiguo colega de Bevilacqua, el subteniente Rafael Robles y del policía judicial de los Mossos,  Riudavets, que tendrán protagonismo en este tomo siete.

¿ Por qué el libro está buenísimo ? Porque está bien escrito, porque la trama está llevada de manera perfecta, porque es un libro reflexivo, porque tendremos, por fin, alguna revelación personal sobre nuestro reservado inspector Bevilacqua y porque está escrito con ese humor tan acertado y constante de Lorenzo Silva. Una lectura estupenda que recomiendo.

 Bevilacqua tendrá que investigar el salvaje asesinato de su antiguo jefe , el subteniente Rafael Robles, hoy en día jubilado y residente en Cataluña. Robles enseñó todo a Bevilacqua durante los diez años que éste permaneció en Cataluña y fue un jefe que lo marcó: un hombre de fuerte personalidad , un hombre recio de los que pisan fuerte y no dudan nunca. Guardia civil « crónico », de la vieja escuela, y que no se sentiría identificado con una Guardia Civil que no fuera militar porque se sentiría como la pasma (la Policía),   de ésos que están siempre atentos a cualquier indicio sospechoso, viejo mujeriego empedernido con una táctica  » a la antigua ». Guardia dinástico porque bisnieto y nieto de guardias civiles.

Para este trabajo Bevilacqua  viaja a Cataluña acompañado por otros dos  guardias: Virginia Chamorro, hoy en día toda una  sargento y el joven guardia Arnau. En este tomo sabremos por fin lo que sucedió a Bevilacqua en Cataluña cuando trabajaba con Robles unos diez años atrás y sabremos también su historia sentimental con Anna a la cual aún añora, a pesar de los 10 años transcurridos. Esta historia de amor se truncó con la partida de Bevilacqua a Madrid, porque en aquella época estaba casado con la madre de su único hijo. En la primera página  de la novela Silva escribe un párrafo magnífico sobre  psicología amorosa:...es la oscura ciencia acumulada por millones de mujeres desde el principio de los tiempos, frente a la culpa no menos sombría alimentada por millones de hombres desde más allá de lo que se guarda memoria. Porque un hombre siempre oculta algo, siempre lleva a cuestas algo que preferiría no haber hecho o dicho o sido, y una mujer siempre tiene un sexto sentido que le permite olérselo, y el descaro o la temeridad o lo que quiera que haga falta para exigirle que lo confiese. Porque los actos de los hombres son a veces como la espuma, que sube y baja con la misma facilidad, y sin demasiado motivo, mientras que los actos de las mujeres, que no por éso son menos perniciosos cuando toca, tienen que ver con algo que llevan agarrado al vientre y de lo que no abdican jamás, así las fusilen o las quemen en la hoguera. Eso les permite pedir cuentas con la fiereza con que nos las piden, y éso, que no entendemos y en el fondo le repugna a nuestra razón práctica, nos impide a los hombres aceptar el deber de rendírselas. Y página 84 escribe: a aquellas alturas de mi vida creía haber aprendido algo del amor. Al menos lo suficiente como para saber que era extraño, lo más extraño de todo, una fuerza virulenta en la que se mezclan de forma casi inextricable la razón más pura y lógica, porque nada hay más congruente con nuestra naturaleza que buscar la comunión profunda con otro ser humano, y la irracionalidad más absoluta, porque nada como el amor sabe vincularnos a quien nos resulta ajeno, o inalcanzable, o a quien perdimos irremisible o incluso necesariamente.

También Rubén Bevilacqua evocará su pasado remoto, el matrimonio fugaz de sus padres (madre española y padre uruguayo) que lo hizo nacer junto al río de La Plata y cuya madre lo llevó de vuelta a España al cabo de sólo 7 años. Bevilacqua repugna a contar cada vez su historia a cada humano que se presenta y sufre que los humanos nacidos en la península ibérica trastoquen a cada ocasión, la pronunciación de su apellido de consonancia italiana.

La investigación es llevada no solamente por la Guardia Civil, sino también por los Mossos y por la SAI( Servicio de Asuntos Internos) que investiga la moralidad del Cuerpo. Las pullas entre los cuerpos no faltan, pero la coordinación para la resolución de este caso será admirable. Bevilacqua, que también ha ascendido a brigadier ya tiene 48 años y lleva 20 investigando homicidios, es un viejo zorro de la profesión. El caso es arduo porque el subteniente Robles se pasó de la raya en el ejercicio de su nuevo cargo: ejerció en la protección de bienes privados porque su pobre jubilación apenas alcanza para salir adelante. Bevilacqua recuerda dolorosamente que diez años atrás él mismo casi se pasa de la raya. La consecuente reflexión es que estos guardias que trabajaron toda una vida arriesgando el pellejo y pastoreando malévolos,  jubilan con un sueldo tan indigente que cualquier posibilidad de incrementarlo, con algún trabajo anexo, es muy apreciada. A partir de un trabajo anexo se puede franquear el límite, la raya: cuando Bevilacqua y sus dos compañeros regresan a Madrid tras la resolución del caso, podemos leer en la última página del libro:…anochecía cuando pasamos de regreso hacia Madrid, bajo el arco del meridiano de Greenwich. Ahí estaba,  la raya que separaba el este del oeste, Barcelona de Madrid, mi ayer de mi presente y mi futuro. Sólo los que habíamos cruzado la línea alguna vez, los que conservábamos sobre la piel y el alma la marca del meridiano, sabíamos hasta qué punto podía llegar a pesar aquella cicatriz.

Esta investigación se lleva a cabo en un país vapuleado duramente por la crisis  con 50% de paro laboral juvenil, con 5 millones de desempleados y otros tantos con un empleo precario, un salario miserable o a las dos cosas a la vez.

Esta vez Bevilacqua no nos deslumbrará con sus alusiones culturales como en La niebla y la doncella, sino que nos mostrará su conocimiento del rock: tiene puesto en su teléfono una melodía de Freddie Mercury hasta que se harta de escucharla y la cambia por una melodía de Johnny Cash, citándonos después a Leonard Cohen…vaya hombre multifacético!

LA MARCA DEL MERIDIANO,  Planeta 2012,  ISBN 978-84-08-03123-9

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