La mujer imaginaria de Jorge Edwards

Jorge Edwards Valdés (Santiago de Chile 1931) es el actual Embajador de Chile en Paris; escritor, abogado, periodista y diplomático de carrera. Hizo estudios de postgrado en Princeton, USA. Pertenece a la Academia de la Lengua de Chile desde 1982. Obtuvo la cuidadanía española en 2010, año en que fue nombrado Embajador en Paris por el Gobierno chileno de Sebastián Piñera. Tiene una bibliografía vasta y ha recoltado numerosos premios, el más prestigioso es probablemente el Cervantes 1999. La biblioteca  Cervantes de la ciudad de Manchester lleva su nombre.

Asistí esta semana a una charla en el Auditorio del Instituto Cervantes de París donde se presentó la « ruta Edwards de Paris« , itinerario iniciático de la residencia de Jorge Edwards en la Ciudad Luz que ya totaliza  15  años. Edwards declara « amar » Paris sintiendo una afinidad casi física con la ciudad, amando hasta su niebla y sus días grises; el Señor Edwards padece   de « parisitis« , dolencia hereditaria puesto que le viene de su tío abuelo Joaquín Edwards Bello. Explica que la palabra amar es poco usitada por sus connacionales, a la que prefieren querer, más suave. A sus 82 años en el momento de esta reseña, puedo aseverar que tiene una memoria prodigiosa, siendo capaz de citar a personas , lugares y fechas con una total soltura. Es muy ameno y posee muchas anécdotas, producto de su larga vida; se le podría escuchar durante horas. Acaba de publicar el primer volumen de sus Memorias bajo el título El círculo morado, memorias que  facilitarán la lectura de su obra. Es probable que el Señor Edwards entregue aún dos tomos más. Le gustan los literatos franceses « menores » y los diplomáticos-escritores, la relación entre reflexión y narración; los filósofos-escritores como Descartes o Bergson y algunos historiadores-escritores como Michelet o Montaigne quien fue un ensayista-narrador. Lo imagino muy de acuerdo con el catedrático valenciano,  Luis Veres quien prona que un lenguaje lacaniano  no sirve para informar, sólo para evocar el pasado. Y Don Jorge Edwards evoca mucho el pasado.

De su vasta obra, he leído poco por el momento, pero es cosa de tiempo; leí El inútil de la familia del 2005 donde justamente retraza la vida de su tío abuelo Joaquín Edwards Bello, oveja negra de esta familia oligárquica chilena con tela de fondo de un Santiago de principios del siglo XX hasta la Segunda Guerra Mundial, con detalles interesantes, sabrosos sobre la juventud dorada de aquella época marcada por una parisitis frenética. También le leí Persona non grata de 1973 que me pareció interesante porque permite entender, mucho mejor, como funciona por dentro la Revolución cubana: ella funciona ni más ni menos como una corte real. Edwards se justifica de los tres meses y medio pasados en Cuba como encargado de negocios chileno, él fue el primer diplomático extranjero nombrado por el Gobierno de Allende, y relata cómo fue mal juzgado y acusado de contra-revolucionario,  además que espiado a cada instante. Y  también explica como Fidel lo desprecia e ignora cuando sale de Cuba para asumir un puesto en la Embajada chilena en Paris. Y más recientemente, el primer tomo de sus memorias, Los círculos morados, que me encantó (https://pasiondelalectura.wordpress.com/2013/07/24/los-circulos-morados-de-jorge-edwards/).

Me encantó también, digámoslo sin ambages, La mujer imaginaria,  novela de 1985, en esta edición de Plaza & Janés,  escrita con letra tan pequeña que me provocó fatiga visual, pero no importa, es un libro con una prosa excelente, elegante y una descriptiva minuciosa para presentar los personajes  que son entrañables y las historias que están muy bien ahondadas. Un poco a la manera proustiana, con frases interminables, y frases repetitivas  que sirven para poner énfasis en el texto y  van a enriquecer la connotación criolla bastante fuerte que acarrea esta novela ; el humor  de Edwards es incesante,  mordaz y bastante british. Me gustó mucho la manera de hablar de sus personajes, hablan, como diría mi madre,  como gcu (« gente como uno »), un español achilenado, clasista y simpaticón.

Es la historia de Inés Vargas  Elizalde, hija de buena familia chilena, sumisa,  tímida y obediente durante 60 años, aunque de cabeza dura ( legado de un ancestro nórdico); esta mujer se rebelará de la opresión familiar el día de la celebración de sus 60 años, en 1977. Inesita Elizalde, de su nombre de artista (para rehabilitar en parte a su tío Salustio), hoy abuela, sacrificó su personalidad desde la adolescencia para adaptarse a lo que esperaban de ella, sin cuestionarse. Así se le pasó la vida, obedeciendo a sus padres, abuelos, a  sus familiares y allegados, a sus hermanos, a su marido, a sus hijos, a una sociedad entera que la juzga en cada uno de sus actos. Doña Inés asumirá por fin sus dotes de pintora, sus pulsiones creativas, sus ideas políticas, sus opciones sociales,separándose de ese marido que regía su vida de casada en perfecto déspota porque ese marido, en todas las decisiones prácticas, la refacción de la casa, el sitio de veraneo, el colegio de los niños, arrasaba, dominaba.

En esta novela resurge el tema predilecto de Edwards, su parisitis; esta vez encarnada por el tío Salustio  Elizalde, pintor maldito, oveja negra de la familia, descastado, opiomano, degenerado según algunos, mezcla de genio y de pobre diablo, cuyos cuadros fueron descolgados de las grandes galerías, de las colecciones famosas, y arrumbados en los sótanos, en los cachureos; residente en Paris donde llevará vida bohemia y dilapidará su fortuna familiar. Pretexto para hablarnos del Paris bohemio de esa época, probablemente el Paris que conoció el tío de Jorge Edwards , el escritor Joaquín Edwards Bello, iniciador familiar de la parisitis que padecerán los descendientes, en especial nuestro autor .

« Jorge Edwards es un escritor realista, apasionado por sus recuerdos, dueño de una prosa clara, a ratos quieta, repetitiva, memoriosa, elegante y medida en la que coexiste la tradición y la memoria. Esta prosa tan personal eclipsa las fronteras entre los varios géneros que ha cultivado y da un aire de familia a sus obras de ficción« , dijo de él su amigo Mario Vargas Llosa.

LA MUJER IMAGINARIA, Plaza & Janés 1985,   ISBN 84-01-38057-X

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