Antigua vida mía de Marcela Serrano

Escritora chilena nacida en 1951, muy exitosa y cuyos libros me gustan. Sus lectoras son casi exclusivamente femeninas, como ella misma lo señala. En febrero del 2012 se comentó en este blog su último libro, Diez mujeres que es uno de los tres libros más consultados en el blog.

La obra de Serrano ahonda el mundo femenino como pocas otras escritoras lo han hecho, con dos polos principales: 1) reflexión sobre la condición femenina y la defensa de la mujer, con un retrato íntimo que nos desnuda y pone en el tapete todos nuestros temores, esperanzas, vacilaciones, desengaños y fracasos, pero también nuestros amores y nuestros éxitos; 2) la soledad, puesto que Marcela Serrano indaga en el terreno metafísico y nos muestra sus personajes femeninos como si hubiesen sido cortados por un escalpelo, para descubrir la inconmensurable soledad que suele rodear a la especie humana, independientemente de su extracción social, económica, política o religiosa, pero que se hace mucho más insoportable cuando se es mujer.

Antigua vida mía fue publicado en 1995 y es el tercer libro de Serrano. Para mi, es una relectura deseada desde que estuve en Antigua, Guatemala, en marzo del 2012,  para reencontrar  sensaciones vividas en esa ciudad mágica. Es una ciudad que marca, que  desprende un aura casi mística al estilo de Praga y Venecia.  Antigua es el santuario donde se retira Violeta, una de las dos protagonistas de la novela y es también el santuario donde está enterrada Cayetana, la madre de Violeta quien se refugió en Guatemala otrora, siguiendo a su amante guatemalteco.

Esta relectura del libro, más de 15 años después fue un placer rayano en un descubrimiento porque pocos detalles me quedaban en la memoria. Incluso tuve problemas con la filiación de los personajes, con los cuales me perdía u olvidaba el rol que jugaban. Es un  Marcela Serrano, con todos sus ingredientes: historias femeninas que se repiten y abarcan varias generaciones.

Aquí, Josefa Ferrer y Violeta Dasinski son amigas desde la infancia, son muy diferentes , pero están unidas por una historia común. El tronco de la novela es la amistad que se profesan y lo profundamente que se alientan en sus vidas de mujeres ajetreadas y estresantes. Ambas están casadas en segundas nupcias; Josefa con un exitoso abogado y Violeta con un escritor. Violeta sufre de violencia familiar y termina matando a su marido en condiciones que está encinta. Es el marido de Josefa quien la defiende y que logra sacarla de la cárcel. Violeta decide irse de Chile y se va  a Antigua en pos del olvido y de la tumba de su madre, Cayetana, quien otrora la dejó en Chile con su padre cuando siguió a su amante guatemalteco. Cayetana y su amante fallecieron en Antigua de fiebre tifoidea. Violeta recibe más tarde, en Antigua la visita de Josefa, quien sufre de insatisfacción en su matrimonio. Ambas amigas se entreayudan y vislumbran un futuro « mejor »: Violeta en Antigua con su hijo e hija de un primer matrimonio y Josefa volviendo con su marido después de vicisitudes matrimoniales pasajeras, pero muy tormentosas.

Cuando en una ocasión Violeta vuelve a Chile de Europa, antes de su exilio definitivo en Guatemala,  son tres las cosas que la impresionan negativamente en Chile: el Nescafé, la ausencia de calefacción central y el machismo, y en ese orden. Y también critica  la sociedad chilena, esa sociedad abocada a la eficiencia de producir, a la voracidad de consumir, en esta transición chilena donde la mirada se contamina de pura desazón, los noventa carecen de toda idea. Las mentes de hoy tienen miedo a disentir, la falta de irreverencia, el pragmatismo…no se dan una bonita suma. Las relaciones inocentes dejaron de existir. Hasta las amistades pasaron de estar ahí, a la mano. Nada pareciera ser gratis ahora. La imagen de las nuevas mujeres que somos nos llevará al derrame cerebral, dice Violeta. Además de llevar una casa, de parir y de criar a los hijos, de trabajar y de alimentar al espíritu, debemos ser inteligentes y sexualmente competitivas. Pero no sólo éso, también debemos darle la oportunidad a nuestra pareja de sentirse diferente del proveedor; esto es, dejarle espacio para su ser afectivo. Pavimentamos el camino para ese nuevo yo de los hombres y gastamos energías en lograr que se lo crean, cuando en nuestro fuero interno sabemos que es sobre nosotras, y solamente sobre nosotras, que recae la responsabilidad de toda la vida afectiva. El afecto, en la familia y en todos lados, sigue dependiendo ciento por ciento de nuestras recargadas espaldas.

Acerca de la añorada Antigua encontré algunos párrafos que me la recuerdan:…viniendo de ciudad de Guatemala, tanto cerro verde en el camino a Antigua empezó a apaciguarme. Ya arribando a la meseta, me llené de calma. Sorprende que a media hora de la capital se encuentre un rincón del mundo donde la historia se detuvo. Amplias casonas, calles empedradas, algunas iglesias en ruinas, otras en pie, la arquitectura del siglo dieciseis, la uniformidad de la época, la ausencia de modernidad.

...Violeta vive en la Calle de los Peregrinos, es una antigua casa colonial de muros ocres, cerrada hacia afuera, enorme y colorida hacia adentro. Al que entra lo asaltan, inesperadamente, amplios espacios, empezando por el clásico jardín: flores de todos colores, plantas exuberantes que no conocemos ni de nombre en nuestro sur lejano, pasto muy verde, y algún árbol grande en un costado. De los cuatro muros que componen este gran rectángulo, sólo uno no está construido con los corredores amplios y amoblados: el que alberga la fuente de agua. La única diferencia entre la arquitectura antigüeña y la española es que aquí las fuentes no están al centro del jardín, sino adosadas a un muro. El color del estuco es rojo, ese rojo colonial que no llega a ser terracota. El muro de la fuente es blanco, con una línea del mismo rojo atravesándola en el borde, en su mismo nacimiento.

Chichicastenango no es un lugar, es una experiencia. Cada jueves y domingo se transforma en un mercado. Pueblo-mercado, el más bonito de América; la fiesta de colores es indescriptible: simplemente los oros, sepias, tierras, verdes olivos, azules, lilas y morados, en toda su gama inundan desde los cientos de puestos de artesanía. Y al medio del mercado, la Iglesia de Santo Tomás con sus escalones de piedra pura, ese color gris de la piedra verdadera, donde las gradas de la iglesia casi no se ven por el humo del copal. Es en esta iglesia que un cura encontró a principios del siglo dieciocho el Popol Vuh porque la iglesia está en plena zona Quiché de donde son las historias del Popol Vuh.  El paisaje subyuga: enormes barrancos, verdes acantilados, bosques orgullosos. El nombre de este pueblo viene de tenango o el lugar. Las chichicas son las plantas que crecen en el camino, las ortigas. El lugar de las ortigas.

También visioné la película que hizo el argentino Héctor Olivera en el 2001: es una película espléndida, pero es una adaptación totalmente libre, del libro donde Olivera se permitió muchas libertades con el libreto. Yo no se cómo habrá reaccionado Marcela Serrano con ésto , pero no se ha sabido que ella haya manifestado descontento. Pienso que Olivera trató de hacer una película que rebalsara del ámbito tan confinado de Chile y de hecho, la filmó en Buenos Aires, con actores argentinos y españoles. Lo único que Olivera guardó, es la amistad indestructible entre las dos mujeres: Violeta y Josefa. Cambió las razones por las cuales Violeta mata a su marido, que son más escabrosas en el libro, quizás quiso darle a la película menos morbo.

ANTIGUA VIDA MIA, Alfaguara 1995,  ISBN 956-15-0325-5

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