Alumbramiento de Andrés Neuman

Andrés Neuman,  escritor ibero-argentino que tiene buena y reconocida prosa lleva varias reseñas en este blog: en julio 2012 con Como viajar sin ver, en agosto 2012 con Le bonheur ou pas y en octubre 2012 con Hacerse el muerto. El autor reside en Andalucía y ha sido reconocido por la revista Granta (de Cambridge), entre los 7 autores más prometedores  de la nueva narrativa argentina y entre los mejores 22 literatos hispano-americanos de los últimos años.  Andrés Neuman es un gran defensor del género breve y tiene razón porque es más difícil plasmar una historia completa en pocos párrafos y también captar desde el introito, la total atención del volátil lector. Neuman encontró una frase muy buena para definir este tipo de literatura:…las novelas cortas son la música de cámara de la literatura…, frase que debe de haber encantado a sus progenitores, músicos profesionales.

Alumbramiento comprende 36 relatos cortos o cuentos, divididos en tres partes:

– en la primera parte llamada Otros Hombres se cuestiona el rol masculino tradicional, se analiza y ahonda al macho en sus funciones totémicas: el padre, el amante, el héroe, el justiciero, el luchador, el aventurero…Los varones son puestos en jaque y no sólo sexualmente. Puede que sea difícil para un varón leer ciertos pasajes que transgreden sus fronteras sacro-santas de macho relativamente invicto.

– en la segunda parte, llamada Miniaturas, tenemos llaves que abren ventanas inmensas: son ramilletes de reflexiones, chistes, agudezas sobre los temas que le son más  predilectos: la ambigüedad del deseo, la distancia entre el ser y sus succédaneos, lo sentimental. Andrés Neuman va a conformar una especie de bestiario que revela su minuciosidad y su gusto por dejar que el lector construya sentidos solito.

– la tercera parte o Sección Lecturas guiñan el ojo a la crítica y a la teoría literaria en boga. Hay una clave humorística e irónica de diferentes aspectos del mundo literario: los clásicos, la traducción, la relación con los editores, los géneros literarios, la función del lector, etc.

En total, 36 cuentos variopintos, un verdadero homenaje al cuento con, como regalo  final, dos dodécalogos del perfecto cuentista, donde Neuman nos muestra sus cartas. Porque el autor asevera que contar un cuento es saber guardar un secreto, y apoya su decir aseverando que vive a gusto en la frontera. En la vena de su colega Ricardo Piglia que profesa que el cuento es un relato que encierra un relato secreto.

Entre las Miniaturas, les cito una que me gustó mucho : Justino y a continuación va el cuento completo:

Al pasar por la puerta de la sala, Justino, el jardinero, encogía los hombros para no molestar. Era uno de esos hombres que parecen flacos por convicción. Arrugaba el ceño blanco y fino como quien dobla un pañuelo. Apretaba los labios, degustando su silencio. Justino, el jardinero, se avergonzaba ligeramente cada vez que lo invitábamos a almorzar con nosotros, en la misma mesa que toda la familia, y uno comprendía que nuestra amabilidad lo ponía en un compromiso: si aceptaba, podría parecer aprovechado o-peor aún- famélico; pero si se negaba, parecería descortés. Entonces, afligido, Justino aceptaba nuestra invitación. Deslizaba su asiento por detrás de la espalda, las patas de la silla flotaban casi, y uno podía imaginar cómo de joven tuvo que ser buen bailarín. « Que tengan buen provecho los señores », pronunciaba en voz baja, y en ese susurro suyo había un afecto laborioso. Para no darnos una mala impresión precipitándose sobre el plato ni tampoco importunarnos con ninguna demora, Justino comenzaba a comer siempre el último y terminaba el primero. Tampoco mucho antes. Dos, tres cucharadas.

Al principio le servíamos raciones abundantes: lo estimábamos y sabíamos de su duro trabajo, de su empeño al rasurar los arbustos, podar cada rama o regar nuestro césped infinitesimal. Procurábamos llenarle el plato, pero empezamos a disminuír las raciones cuando observamos que Justino se dejaba más o menos un cuarto. Entonces dimos las instrucciones pertinentes a la criada y, a partir de aquel día, las raciones de Justino empezaron a ser como la de los niños o incluso más escasas. Lo que nos preocupó fue  comprobar que en sus platos bien rebañados, invariablemente, aún permanecía un cuarto de ración intacto. Nos llamaba la  atención que Justino fuese hombre de tan poco apetito. Pero su esmerada flaqueza y sus ademanes transparentes nos convencieron de que, para no incomodarlo, las porciones debían ser todavía más pequeñas. Como quiera que Justino perseveraba en consumir tres cuartas partes de lo que le servíamos, nosotros, deseosos de hallar su medida exacta, seguimos reduciéndole el almuerzo hasta manchar apenas el plato con tres o cuatro máculas de legumbre.

El último mediodía que pasamos con Justino fue en apariencia igual a los otros y, sin embargo, supe desde el principio que nada sería idéntico. Su débil arrastrarse. Su voz un tanto desganada. Incluso los bordes no del todo impecables de nuestros abetos, todo me hizo temer por él y sus discretísimas cucharadas. Se sentó como siempre, eso sí, haciendo que la silla pareciera ingrávida, susurró un  » que tengan buen provecho los señores » con una voz de lámina y esperó su ración juntando las manos. Unas manos ágiles, huesudas, pulcras: un par de tijeras. Por no perder la buena educación, pese al aroma tenso que rodeaba la mesa, le hice a la criada una señal para que comenzase a servir. Cuando vio cómo la solitaria y diminuta lenteja se posaba en el centro de su plato hondo, Justino se levantó con parsimonia, pidió permiso para retirarse y no volvió por casa jamás nunca.

Pocas veces se puede leer un tal concentrado de crueldad humana. Al final del cuento tuve escalofríos . Magistral. Brillante. ¡Qué talento éste de Neuman!

Así como Julio Ramón Ribeyro ( uno de los autores más consultados del blog, quizá por escolares en pos de tareas) cuyo Decálogo para cuentistas figura en la reseña de sus Cuentos Completos de agosto de este año, el brillante Andrés Neuman da al final del compendio un par de dodecálogos para el cuentista. Les citaré el primero que me gustó más que el segundo.

DODÉCALOGO DE UN CUENTISTA

I       Contar un cuento es saber guardar un secreto

II     Aunque hablen en pretérito, los cuentos suceden siempre ahora. No hay tiempo para más y ni falta que hace.

III    El excesivo desarrollo de la acción es la anemia del cuento, o su muerte por asfixia.

IV     En las primeras líneas un cuento se juega la vida; en las últimas líneas, la resurrección. En cuanto al título, paradójicamente, si es demasiado brillante se olvida pronto.

V       Los personajes no se presentan: actúan.

VI     La atmósfera puede ser lo más memorable del argumento. La mirada, el personaje principal.

VII    El lirismo contenido produce magia. El lirismo sin freno, trucos.

VIII   La voz del narrador tiene tanta importancia que no debe escucharse demasiado.

IX       Corregir: reducir.

X         El talento es el ritmo. Los problemas más sutiles empiezan en la puntuación.

XI       En el cuento, un minuto puede ser eterno y la eternidad caber en un minuto.

XII      Narrar es seducir: jamás satisfagas del todo la curiosidad del lector.

¿ Qué les parece ? A mi me parece genial.

ALUMBRAMIENTO, Páginas de Espuma 2006,  ISBN 84-95642-85-9

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