Adiós, Hemingway de Leonardo Padura

 Esta novela, Leonardo Padura la hizo por encargo de su editor brasileño, quien le solicitó participación en una serie  » Literatura o muerte « , reto que Padura aceptó porque hay   mucho material literario en Cuba con  el precedente de la residencia durante veinte años del gran escritor norteamericano Ernest Hemingway.

Es una ficción entorno a Papá Hemingway quien residió de manera intermitente cerca de La Habana , en su Finca Vigía entre 1941 y el año de su suicidio,  1960.

Durante una tormenta veraniega allá por el año 1996,  con trombas de agua, vientos y rayos  se arrancó de cuajo una manga centenaria en el vasto jardín de la propiedad , hoy en día un museo Hemingway, dejando al descubierto restos humanos de un hombre caucásico muerto a balazos y enterrado bajo lo que fuera un terreno de pelea de gallos ( una de las aficiones de Papá).  Esto acarrea cierta conmoción en el ámbito habanero y Mario Conde es solicitado para ayudar en este caso  de manera discreta.

La historia no logró cautivarme ,  incluso la reaparición del simpático Conde, alejado de la institución policial desde hace 8 años y de sus amigos está como desganada, le falta ímpetu…De lejos es el que menos me ha gustado de los libros leídos.

Conde  a sus cuarenta años está retirado de la policía y se dedica a la compra-venta de libros usados y sigue teniendo ambiciones de escribir; aprovechando de leer todo lo interesante que pasa por sus manos, antes de ser llevado al mercado de los libros. A veces Conde sufre como si fueran heridas en la piel, al encontrar viejos libros maltratados o cuando los retiene en su propio librero, como reacción primaria de la incurable enfermedad de la bibliofilia .

En todo caso, Conde y sus amigos siguen disfrutando y tragando con voracidad y alevosía, los platos de asombro salidos de las manos de Josefina: pollos al ajillo, cazuela de malanga rociada con mojo de naranja agria, fuentes de arroz y montañas de buñuelos en almíbar…

Ernest Hemingway aparece en este libro como un viejo cascarrabias, alcohólico, enfermo, muy disminuído, paranoico y armado  hasta los dientes en su finca.  Era un cliente del bar Floridita donde consumía daiquirí sobre daiquirí a la   » Papá Hemingway », o sea,  2 porciones de ron, jugo de limón, unas gotas de marrasquino, mucho hielo batido y nada de azúcar.

Y cuando Conde se pone a indagar en los libros acerca de lo que fue la vida de Hemingway en la isla, se puede leer un bello párrafo :…zambullirse entre libros, dispuesto a buscar lo que quizás nadie había buscado en las obras  y la vida de Hemingway, le provocaba una agradable sensación, exclusiva de los bibliófilos incurables. En momentos así el Conde disfrutaba con la idea de que los libros podían hablar, cobraban vida y autonomía. Entonces comprendía que su amor por aquellos objetos, gracias a los cuales ahora vivía y de los que a lo largo de los años había obtenido una felicidad diferente a todas las otras modalidades posibles de la felicidad, era una de las cosas más importantes de su vida, en la cual cada vez quedaban menos cosas importantes, y las empezó a contar: la amistad, el café, el cigarro, el ron, hacer el amor de vez en cuando y la literatura. Y los libros, claro.

ADIÓS, HEMINGWAY, Tusquets 2006,  ISBN 84-8310-328-1

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