Todas las almas de Javier Marías

Javier Marías es un madrileño nacido en 1951, conocido escritor, traductor y editor. Estudió Filosofía y letras ( rama de la Filología inglesa). Es miembro de la RAE desde 2006, ( su padre , el filósofo Julián Marías también integró la RAE en 1964 ). Enseñó en Oxford entre 1983-88. Lo incorporaron en 2011 a la colección Modern Classics de Penguin, siendo el sexto autor en lengua española después de Borges, García Lorca, García Márquez, Neruda y Octavio Paz. Marías es un punto de referencia del denominado Hibridismo Genérico, ya utilizado por Cervantes en el Quijote y conocido también como  novela total.

Tres libros de Marías fueron citados por la Revista  » Semana  » de Colombia, integrando los 100 mejores libros de los últimos 25 años. En este ranking , se encuentra en empate con Antonio Muñoz Molina, también citado con tres libros. Los libros de J. Marías  que fueron seleccionados son :  «  Corazón tan blanco  » ( libro de lectura difícil , con varias historias intricadas ),  «  Mañana en la batalla piensa en mí  » ( que trata del desamor, del engaño en las parejas, escrita como un monólogo incesante en que cada detalle está disecado ). El título  de éstas dos últimas novelas tiene que ver con Shakespeare ( cf Macbeth [ « the sleeping and the dead are but as pictures « ] y cf Richard III. Y el tercero es,   » Todas las almas « .

Las otras obras leídas por mi  a Javier Marías son : «  A veces un caballero  » opus que reúne artículos críticos sobre la sociedad española y donde recuerdo especialmente el excelente artículo sobre los teléfonos celulares.  » El niño de los coroneles  » , Premio Planeta 2001, libro latoso que no pude terminar, ambientado en el Paris en guerra de 1940.  » Los dominios del lobo  » su primera publicación, historias ambientadas en EEUU que denotan violencia y marginalidad sin tapujos ni hipocresía, escritas con buen vocabulario y bien encadenadas.  » Tu rostro mañana: fiebre y lanza  » , otro abandono de lectura por  raro y desfasado en el tiempo y que evoca la creación en Gran Bretaña de los servicios secretos.

Es difícil escribir la reseña de un libro brillante como éste. Me parece que de todas maneras no se le podrá rendir el honor que se merece. El libro es interesante porque permite la intrusión en un mundo tan especial como es el de la universidad de Oxford, conocida como la Tayloriana, situada en la pequeña ciudad de Oxford, inhóspita y conservada en almíbar. (…) Oxford es, sin duda, una de las ciudades del mundo en las que menos se trabaja, y en ella resulta mucho más decisivo el hecho de estar que el de hacer o incluso actuar. Estar allí requiere tanta concentración y tanta paciencia, y tanto esfuerzo luchar contra el natural aletargamiento del espíritu, que sería una exigencia desproporcionada pretender que además sus habitantes se mostraran activos, sobre todo en público, aunque algunos colegas solían efectuar sus desplazamientos siempre corriendo para dar una impresión de perpetuo ahogo y ocupación extrema (pg 10). Esto lo escribe un profesor español que dará sus clases durante dos años en esta magna universidad. En Oxford se imparten clases durante 3 períodos de 8 semanas justas – Michaelmas, Hilary, Trinity – y el resto es desocupación para aquellos que no tienen tareas administrativas. Aquí se conserva la vieja tradición clerical en un sitio inmutable, inhóspito y conservado en almíbar.(pg 203)

Es incríble leer cómo estos profesores en realidad tienen pocas obligaciones docentes y sirven de personajes decorativos drapeados en vastas togas negras que flamean al viento, se les ve   cruzar raudos el campus universitario con el objetivo principal de contentar a los numerosos turistas en pos de imágenes típicas.

Tener fama en Oxford no significa nada en realidad, ya que lo extraordinario es no tenerla : quien no sea maldiciente o por lo menos malicioso lleva allí una existencia tan marginal y desacreditada como quien provenga de otra universidad que no sea Cambridge o la propia Oxford. Lo único que interesa de veras en la ciudad de Oxford es el dinero, seguido a cierta distancia por la información, que siempre puede ser un medio de obtener dinero. No importa que la información sea importante o superflua, útil o baladí, política o económica, diplomática o epistemológica, psicológica o genealógica, familiar o ancilar, histórica o sexual, social o profesional, antropológica o metodológica, fenomenológica, tecnológica o directamente fálica; pero quien quiera sobrevivir allí debe poseer información trasmisible de alguna clase. Transmitir información sobre algo, es, además,  la  única manera de no tener que transmitirla sobre uno mismo, y así, cuanto más misantrópico, independiente, solitario o misterioso sea un oxoniense, más información sobre los otros se supondrá que suministra a esos mismos otros para hacerse perdonar su reserva y ganarse el derecho a silenciar su intimidad. ( 39)

« Todas las almas » viene de la confusión mental del decimonónico portero Will que confunde generaciones de alumni y docentes pues para él todas las almas están vivas.

La novela abarca dos años en Oxford,  el joven profesor español dará pocos cursos, vivirá un amor adúltero e intermitente, pasará parte de su tiempo libre en las librerías de viejo y viviendo en este microcosmos en que nadie se salva ni salva a nadie. Aquí se practica de manera casi abierta el eavesdropping que no es otra cosa que el espionaje del próximo a como sea .

Una película fue adaptada de este libro en 1994 por Elias y Gracia Querejeta con el título de  » El último viaje de Robert Rylands «  , pero Javier Marías acusó a los directores de desfigurar su libro hasta hacerlo irreconocible, exigiendo que se suprimiera toda mención a su nombre y a su novela, iniciando un largo proceso judicial que terminó años después en su favor. Y la verdad es que la película no tiene nada, pero nada que ver con el libro que la inspiró y doy toda la razón a Javier Marías, porque el resultado final es una película abstrusa que en ningún momento recuerda la trama de Todas las almas.

TODAS LAS ALMAS , Javier Marías , Alfaguara  2000, ISBN  978-84-204-4230-3

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